jueves, 6 de marzo de 2014

¿Sólo ceniza?

La ceniza… y luego ¿Qué? ¿Es sólo un gesto, un acto más? ¿Es lo que toca de nuevo porque lo marca el Año Litúrgico y punto? Ayunamos un par de días, dejamos de comer carne por que sí y nos pegamos un banquete de otra cosa y… ¡Qué buenos somos porque cumplimos! Yo creo que no. Ese ni es el espíritu ni el camino.

Ceniza ¿Sólo ceniza? Yo creo que no; no para mí.

Ayer el P Damián Mª Montes, en @parroquiaps, hizo la Cruz sobre mi frente con la ceniza. Estaban mi mujer, mis hijas, hermanos de esa comunidad que formamos quienes vivimos nuestra fe en la Parroquia Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid… pero por un momento solamente Él y yo; nadie más. Esa Cruz y yo. Y el “conviértete y cree en el Evangelio”.

Esa Cruz de ceniza en mi frente que se marcaba como señal de mis propias cruces, y justo en la cabeza… Cuando uno permanece a la espera de sus propios miedos y no puede ni siquiera entregarse o luchar para vencer, la cruz propia es sencillamente la incógnita en la espera. Pero alzas los ojos a la Cruz, recitas de memoria la “Oración al Cristo del Calvario” de Gabriela Mistral y lo único que haces es sonreír confiado. Ves desde tu humilde lugar en el banco de la iglesia, desde tu diminuto lugar en el mundo, a tu mujer y a tus hijas y es en ellas en lo único que eres capaz de pensar.

Identificar nuestras cruces y enfrentarlas a la Cruz, las hace diminutas por mucho que asusten o duelan. Ponerse bajo esos pies clavados por los que aun gotea la Sangre derramada es dejarse limpiar por el Amor de Cristo. Y eso es lo único que importa, el Amor.

Identificar nuestras cruces es el primer e imprescindible paso para liberarnos de ellas. Eso nos pone en camino de una cierta felicidad, sin duda. En camino. Desierto, escucha, silencio, oración, reconciliación, acción, donación… Ponerse a los pies del Señor. Pero ponerse a los pies del Señor es de igual manera ponerse a los pies del hermano, del que sufre, del necesitado y el hermano, el que sufre, el necesitado esta también a nuestro lado ¡A nuestro lado! ¿No lo ves? Cruzando vallas y a nuestro lado. ¿Vas a pasar de largo? ¿No es mejor idea ser el Cireneo? Pues ya sabes…


A los pies del Redentor. Las gotas de Sangre borrarán la ceniza y te limpiarán los ojos para que puedas llegar a ver al Resucitado, que ese es el final de la Historia.

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