lunes, 15 de julio de 2013

Pastores en Vísperas

Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz del Pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.


Me ha encantado este Himno de Vísperas, así que aquí lo copio. Por todos los pastores a través de cuya voz escuchamos la suya, de cuyos gestos vemos los suyos, en cuya entrega incondicional e infinita conocemos su infinito Amor. Todos esos pastores, jóvenes, mayores o ancianos que, prescindiendo de sí mismos, son otros Cristos para el rebaño cuya custodia les ha sido confiada. Los pastores que nos guardan a nosotros, el Pueblo de Dios. Que crecen entre nosotros, maduran entre nosotros, sufren y gozan por y con nosotros.

Pastores que son uno más, siendo mucho más que uno. Lloran, ríen, sufren la soledad y la incomprensión tantas veces de sus torpes ovejas. Ovejas que balan quejumbrosas. Lo dan todo, por Cristo, en nosotros. Dejan tras de sí familia, hogar y amigos para darse a nosotros. No abandonan a sus ovejas. Vagan de rebaño en rebaño, al dictado de mandatos, para repetir su entrega de Amor. Son un ejemplo de la sobreabundancia del Amor de Dios que se nos regala.

¿Cuántas veces encuentran nuestras casas abiertas? ¿Cuántas veces les damos una mano tendida? ¿Cuántas veces les alentamos el ánimo? ¿Cuántas veces les abrimos nuestro corazón para dárselo, que es dárselo a Cristo? ¿Cuántas veces ofrecemos un hombro? ¿Cuántas veces regalamos una sonrisa? ¿Cuántas veces nos damos?

No me refiero ya a un darse eclesial; hablo de un darse de persona a persona, de corazón a corazón (aunque creo que eso mismo debiera ser el darse eclesial).

Por cada cara larga por una homilía que no nos complació, yo me pregunto ¿cuántas palmadas en el hombro, aplausos o gestos de aprobación? Porque son hombres como nosotros. Tienen fallos como nosotros. Se equivocan como cualquiera. No son superhéroes. Pero sí son superhombres, porque se sobreponen por todos, se cansan por todos, se equivocan para levantarse y ofrecernos su mayor acierto: su Vida, que es el anuncio andante de la Buena Noticia.

Curas conocidos por cualquiera de nosotros; curas anónimos. Religiosos y diocesanos. De importantes parroquias en metrópolis, o llevando a Cristo a un puñado de personas desperdigadas en otro puñado de parroquias alejadas kilómetros entre sí.

Puede que uno de ellos, además de tu cura, sea tu amigo o tu hermano. Puede que no. Pero trata de seguir las huellas del propio Cristo para que nosotros andemos por sus pisadas.

Por cada uno de esos pastores comparto hoy el Himno de Vísperas. ¡GRACIAS!

No hay comentarios:

Publicar un comentario