martes, 2 de julio de 2013

Flashes de Luz

“Quien no se preocupa de los suyos, especialmente de los de su casa, ha renegado de la fe y es peor que el que no cree.” (1 Tm 5, 8).

Confieso que a mi no me hace ninguna falta una redefinición de “los suyos” ni de “casa”, porque hace años que lo tengo muy claro, aunque a veces parezca que no sepa demostrarlo. Y es extensa, muy, muy extensa.

Desde el viernes pasado llevamos una racha digamos que convulsa en varios aspectos. Pues es curioso comprobar, una vez más, cómo los tiempos adversos muestran la solidez cuando la casa se asienta sobre roca y “se bendice su nombre por siempre”.

El Creador que reclama lo suyo; la decepción profunda y clarificadora, que se erige en bienaventuranza para los perseguidos por causa de la Justicia; la enfermedad aleccionadora en las reflexiones de una niña de 8 años.

Suena el teléfono y recuerdo haber dicho: “estamos en las mejores manos, las de Dios”. Escuché unas lágrimas.

Suena el teléfono y repito la misma frase. Escuché algo así como una carcajada.

Suena el teléfono y escucho la voz de a quien ahora tanto le cuesta comunicarse. 

El Señor empieza a hablar. Casualidades, diosidades que nos asombran en un ambulatorio y que continúan asombrándonos en la sala de espera de un hospital. La bondad que se desparrama desde el piso de arriba. Oraciones que sostienen. Manos que no paran de ofrecerse. Mensajes. Llamadas. Whatsapps. Emails. Cristo se nos presenta como flashes de Luz. Cristo que se hace presente casi a cada paso. Ayuda que en la necesidad se hace real. Jesús que cambia el nombre para llamarse Jorge, o Julián, o Joaquín, o Ale, o Pedro, o Teresa, o Antonio, o Pilar, o Carol, o Santi, o Susana, o Esther, o Enrique, o Gonzalo, o Inma, o Bárbara, o Javier, o Marina, o Maira, o Miguel, o Álvaro, o Faus, o Damián, o Blanca, o Paula, u Oita, o muchísimos otros nombres. Y Julián de nuevo venido de lo Alto. Y el Espino que se hace presente. Adultos y niños. Y en cada nombre, en cada oración, en cada llamada, en cada mensaje, un calor que quema.

Esos son los míos, los de mi casa. Eso es una Familia, la que hoy nos sostiene para seguir scalando.

1 comentario:

  1. Como digo ya al que me pregunta: A mi me sostienen mi fe en Dios y mi familia. Con esos dos bastones se puede caminar.
    Ánimo en estos momentos y recuerda que tú también tienes dos bastones.
    Barbara

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