jueves, 25 de julio de 2013

Al Pórtico de la Gloria

“Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros" (2 Cor 4,7)

Cada uno tendría sus planes ¿regresar a su tierra para celebrar el día del Apóstol Santiago? ¿simplemente unos días de fiesta con amigos? ¿turismo? ¿cuestiones de trabajo? Los que fueran ¿qué más dará ahora?

Ya han llegado al Pórtico de la Gloria y se han encontrado cara a cara con el Redentor, e imagino que eso no estuviera en los planes de ninguno de quienes fallecieron en al accidente de tren de Santiago. Rezo para que gocen de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos, y para que sus familiares alcancen el consuelo.

Tragedias como ésta, situaciones sobrevenidas que me superan, personalmente me ayudan a centrarme. No suelo ser mucho de pedir eso que solemos llamar milagros; normalmente pido un “gigamilagro”, aceptar su voluntad, asumirla, hacerla mía. Por eso no puedo evitar traer a la memoria a quienes –y lamentablemente son muchos- insisten en que no hay que mirar a lo Alto o no hay que buscar la Gloria; los recuerdo y pido también hoy, especialmente hoy, por ellos. Somos transcendentes o no somos para la eternidad. Porque por mucho que la Gloria sea un regalo, hemos de ansiarla, buscarla, anhelarla… y contarlo.

Yo hoy miro ¡claro que miro! a lo Alto. Y elevo mis oraciones y mi corazón por los muertos y por sus familiares y amigos. Lo hago porque tengo fe (la fe que tengo); porque no creo en un Dios de muertos, sino de vivos; porque creo en la Resurrección y en la Redención; porque, como diría Miguel de Unamuno, Cristo vino a liberarnos de la muerte más que del pecado, o de éste en cuanto implica muerte.

Porque estamos de paso, simplemente de paso; porque por muy largo que se nos haga es solamente un instante; porque sé que su Reino no es de este mundo. Ahí está la Esperanza, y la felicidad y la alegría por un puro acto de Amor; todo se resume y plenifica en el Amor. Y porque creo en ello, de ello se deriva la necesidad de contribuir a ir acercando su Reino a la tierra a base de amar, de que nuestras manos sean las suyas, nuestros hombros los suyos… Hoy Cristo se ha hecho presente en Galicia en cada una de las personas que se han ofrecido y ofrecen, médicos, sanitarios, bomberos, policías, personas de a pié, gente anónima haciendo cola… cada uno de ellos; sí hemos podido verle haciendo cola para donar sangre… y esa es otra realidad donde vemos Esperanza, felicidad y alegría en puros actos de Amor en medio del dolor y la desesperación.

Elevo mi oración al Altísimo, y doy gracias porque Cristo se ha hecho presente en tanta gente, de manera práctica, “pringándose” en el lugar del accidente, haciendo cola… y doy gracias por los que oran y animan e invitan a hacerlo. Y continúo pidiendo por quienes se quedan, para que encuentren en María el abrazo de la Madre.

Como reza el himno de Laudes de hoy, que el santo apóstol peregrino les haya guiado por el camino al Pórtico de la Gloria. Y gocen de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos. 

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