viernes, 12 de julio de 2013

Karina tiene razón

Volver la vista  atrás es bueno a veces, como decía “El baúl de los recuerdos” de Karina. Es bueno cuando identificas desviaciones del camino y cómo las corregiste, la presencia del Señor, las manos de Cristo en las de aquellas que de ofrecieron las suyas, los momentos en los que ensanchamos torticeramente el camino hasta desdibujar la meta. Pero sobre todo es buenísimo echar la vista atrás y recrearnos en los momentos en los que vimos a Dios, sentimos su mirada, nos traspasó por cada poro el Espíritu. El encuentro personal con Dios cambia la vida y la perspectiva de una manera radical, te transforma la vida en Vida. Eso es una realidad incontestable.

Ilumina y produce variaciones insospechadas. Compromete. Incomoda. Alienta. Fortalece. Cambia. Dificulta. Asienta. Facilita. Alegra. Contagia, atrae y es adictivo…

Pero otra realidad, también incontestable, es la tozudez y facilidad para tropezar con guijarros. Pues da lo mismo; cada uno de ellos es una oportunidad nueva para levantarse, sacudirse el polvo del camino y “tirar p’alante” animoso y confiado. Mirar, así, hacia delante es vivir sin temor, que sí, Karina tiene razón. Pero uno, además de torpón, es “preocupón” cuando no hay por qué.

Ayer escuché, en una conversación con mucha gente, que no hay que buscar la gloria ni terrena ni divina y me dije “¿qué se habrá tomado esta persona?”. No buscar la Gloria es no buscar la salvación, y no buscar la salvación es rechazarla para la eternidad. Hay que buscar continuamente la gloria propia y la ajena, es más, buscar la propia buscando la ajena es una vía segura. Y comencé a recordar algunas citas de San Alfonso, de Santa Teresa, de San Felipe Neri, de San Francisco Javier al respecto, y todas me llevaban al mismo sitio: “El negocio de la salvación del alma es el punto más importante de todos los negocios” (San Alfonso). Pero también me vino a la cabeza otra: “La viña del Señor son las almas que nos fueron dadas para que las cultivemos con la buenas obras para que puedan un día ser admitidas en la Gloria eterna”. Y con todo ello llegué a la conclusión de que, muy posiblemente, lo que escuché fuera una frase inacabada. Un no pensar continuamente en alcanzar la gloria, sino que, en lugar de un pensamiento permanente y machacón, llegue a ser connatural a nosotros mismos, de manera que siendo ya permanente en nuestro inconsciente ni reparemos en ello. O es que quizás se tratara de un mero planteamiento puramente filosófico, en cuyo caso cualquier cosa vale, obviamente.

Y a vueltas con ello comprendí, de nuevo, que ese encuentro personal te cambia la Vida de tal forma que nada te es ajeno, de lo contrario me habría dado exactamente igual. La cambia y la complica. Pero llegué a la conclusión de que, en el fondo, todos quieren expresar lo mismo. Lo que ocurre es que yo soy más de “al pan, pan y al vino, vino”; no me gustan nada las indefiniciones estudiadas. Buscar el Reino de Dios y su justicia, en eso estamos, y lo demás, pues por añadidura. Vamos, lo que Francisco, como Papa, tantas veces dice: la Iglesia no es una ONG. Porque claramente no lo es.

En fin, teniendo claros unos conceptos básicos desde la fe, le doy la razón a Karina: mirar hacia delante es vivir sin temor. Otra cosa es cuáles sean esos conceptos; cuáles y cómo se transmitan.


Mirar hacia delante es vivir sin temor cuando comprendes que es el Amor lo que te espera, que es por Amor por lo que nos regala la Redención. Eso te hace vivir sin temor, con dudas, pero sin temor.

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