domingo, 21 de julio de 2013

Con la Paz...

Que en la normalidad de la vida, en la cotidianeidad más común se nos presenta el Señor debería ser una obviedad; el cauce de la normalidad en el día a día a su Palabra, algo tan intrínseco que debería pasar desapercibido. El menudeo vulgar en el transcurso de las horas hecho Vida y con la Paz.

Sin embargo, este fin de semana se ha hecho claro y nítido para mí. Algo tan simple como compartir el fin de semana con un alma buena, con un regalo venido de lo Alto firmemente querido, ha sido un remanso de Paz. Unos pocos días en Familia, scalando en Familia, abiertos al Amor, la reflexión, la buena y sincera conversación, tamizados por el filtro inflexible de dos niñas, mis hijas, que de manera espontánea acabaron llamando “tío” a ese alma buena.

Cuando el Señor te regala a una fuerza centrípeta de Paz, complementada por una bonhomía excepcional, aderezada con una fe sin complejos (como debería ser la de cualquiera), la bondad se torna en una explosión espontánea de la vivencia sencilla del Evangelio.

Conversaciones reposadas, reflexiones de ida y vuelta que me han ayudado a crecer, afianzarme y consolidar esperanzas. Porque esta persona, lo que mejor encarna, sobresaliendo casi por encima de la humildad, es la Esperanza. Individuos así enraízan la Esperanza en el género humano, personifican que somos creados a Su imagen y que se nos regala en el hermano. Por encima del cariño revolotea la admiración, y un pelín de orgullo.

Llevamos ya compartidas muchas Eucaristías, pero hoy, haber podido celebrar a su lado el Santísimo Redentor, fiesta titular de la Congregación Redentorista, y haberlo hecho en la Parroquia de la Inmaculada en mi Santander natal, para mí ha sido especial. Nos unen fe, personas, afectos, Familia y una meta común.

Todo tan normal, tan pausado, tan de verdad que simplemente me impresiona. No puedo sino dar gracias a Dios por las personas que pone en mi camino y en el de mi mujer y en el de mis hijas. Él expresa Su Amor, también, a través de estos regalos.

“¿Quién puede hospedarse en tu tienda? El que procede honradamente…”
Pues tú, hermano, tienes tu sitio asegurado. ¡Gracias! Con la Paz…

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