martes, 5 de febrero de 2013

¡Niña, levántate!


Aquí estoy de nuevo, tecleando tras un pequeño parón. Un comentario no publicado, bastante poco agradable, me hizo replantearme qué hacía yo escribiendo y “posteando”. Revisión de entradas antiguas, introspección… pero nada realmente claro.

Una conversación vía Facebook con una amiga la semana pasada; un tuit desde Argentina diciendo que @CasanuevaE estaba consiguiendo que San Alfonso se colara entre los santos favoritos de alguien; los problemillas e inquietudes de algún amigo, y una persona de Madrid a quien no conozco que recurre a otro mensaje para que le recomiende quién le podría acompañar (le pregunté edad y si lo que quería era una conversación esporádica o buscaba un acompañamiento periódico, constante y consistente al menos de manera inicial, ya que nada tiene que ver una cosa con otra) le di algún nombre y un teléfono común.

Contrastados los dos párrafos anteriores, y visto que la capacidad de provocar daño es nula y, si la hubiera, es mucho mayor la inesperada ayuda que pueda producir, continúo con mis cosas. Siempre he tenido el convencimiento de la importancia de tratar de medir adecuadamente mis palabras para que la intención estuviera matizada al menos por las formas;  no habiendo ánimo alguno de resultar hiriente, lo que constato es que, en ocasiones, son los nubarrones internos los que pueden convulsionarnos bajo el pretexto de excusas irreales. Responder a una caricia con un aspaviento ocurre, que hay gente para todo.

De todo ello he aprendido que es bueno verse interpelado por los demás, y que las cosas, palabras o actitudes más nimias pueden ser devastadoras o bien engrandecerse cuando es el Señor quien está tras ellas, sea en un saludo, un mensaje, un tuit o un mano a mano. Como me reafirmo en lo complejo y raro que soy, porque me siento infinitamente mejor cuando me piden escuchar que cuando soy yo quien habla, cuando puedo ser de alguna ayuda que cuando generosamente la obtengo.

Resumiendo, que como la niña del Evangelio de hoy, simplemente dormía, y ha habido quienes, sin saberlo unos y consciente otra, me han dicho que me levantara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario