lunes, 11 de febrero de 2013

Con el Papa

Con el Papa. Simplemente eso. Con el Papa, que no es lo mismo, aunque también, que con Benedicto XVI. No voy a glosar su Pontificado por mucho que yo tenga una opinión clara y formada sobre el mismo. Como a todos los católicos me ha impresionado y conmovido la renuncia de Su Santidad. Simplemente a éste hecho es a lo que me voy a referir.

Creo que constituye un ejemplo de lucidez y humildad para todos. Para las personas de a pie tanto como para los grandes dirigentes del mundo. Muestra unas cordura e inteligencia que no son nuevas, demostradas en su obra como teólogo, más allá de los acuerdos o desacuerdos que se puedan tener. Refleja a una persona íntegra, sensata y honesta. Ejemplo para todos, para quienes nos admiramos por su decisión tanto como para los que bromean –cuando menos- sobre ella, que de todo se lee en las redes sociales; allá cada cual con sus comentarios, que nos brindan, como nítida imagen, la catadura moral, intelectual y humana de quien los realiza.

“Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia…”. ¿Hay algo que añadir a esto? Yo creo que no. Cada uno tiene la que tiene, y si bien se educa y forma, el estrado de la conciencia es el núcleo individual del juicio particular ante el Creador. Someter nuestra conciencia a examen ante Dios, de una manera profunda, seria y sincera, es un ejercicio que a menudo se echa en falta a la vista de decisiones notorias que afectan al devenir de colectivos y al propio transcurso de la vida cotidiana. Las decisiones de cada uno pueden ser o no acertadas, pero no cabe mayor discusión cuando son tomadas bajo semejante examen.

“… ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino.” Ministerio de tal Naturaleza que él mismo considera que no hay lugar para mediocridades. Lucidez intelectual que no es acompañada por el estado físico. Peso de los años no solamente sobre la carcasa del cuerpo, sino que la lucidez, reflexión e inteligencia parecen querer indicarnos que deben de ir acompañadas de la agilidad necesaria para dar respuestas en “el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones”.

No creo que nadie discutiera su inteligencia, pero aquellos que cuestionaban humildad y bondad ¿qué dirán ahora? ¿serán capaces de examinar su conciencia ante Dios, o enfrentar su propia humildad y bondad a las demostradas hoy por el Papa y no sonrojarse? Porque los acuerdos o desacuerdos sobre cuestiones teológicas, las filias y fobias individuales, los propios prejuicios, demasiadas veces empañan el juicio y obcecan la razón llevándonos a cuestiones personales.

El acto de su renuncia es un acto de libertad, fundamentalmente de conciencia, pero también dentro del ejercicio del poder, lo consideremos terrenal o espiritual. Es un acto de generosidad inmenso; es un acto de desprendimiento. ¿Cuántos dirigentes son capaces de ello? Es un acto sabio y humilde, por cuanto busca el bien común de la Iglesia y para la Iglesia y supone no apartar a otro, sino apartarse él mismo. Y lo hace agradeciendo y pidiendo perdón.

Yo lo veo como un acto de Amor, a Dios y al pueblo de Dios que formamos todos los católicos. Es el acto de un Pastor ejemplar.

Yo hoy, como siempre, estoy con el Papa, con el actual y con el que el Espíritu Santo decida que sea su sucesor. Sujeto al margen de discusión o desacuerdo intelectual que mi propia conciencia me permita, pero siempre como oveja fiel de su rebaño. Si no, quizás, o estaría en otro sitio, o no estaría escribiendo esto.

Pero hoy, por quien rezo, es precisamente por Benedicto XVI, que el Espíritu seguro que sabrá, también en el próximo caso, elegir al adecuado.

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