martes, 29 de enero de 2013

Un hombre bueno


Acabas de nacer a la Vida, la Luz de la Eterna Claridad brilla ya para ti. Así es como yo lo veo tío Javier, y así es como lo vives tú ahora. Yo no pienso en la parca con su implacable guadaña. Pienso en la consumación de los tiempos de cada persona porque creo en la Redención y en la Resurrección.

Claro que aparecerá el dolor en quienes te queremos, pero también quedan los recuerdos. Y los míos sobre ti van siempre unidos a las vacaciones, a la casa en Hernán Cortés y, por lo tanto, a los abuelos, a Tía Meme, a los primos. Son recuerdos felices, no por estar principalmente ligados a las vacaciones, son recuerdos felices y serenos porque si algo es indiscutible es la bondad que irradiabas. Cuando piense en ti siempre pensaré en un hombre bueno; esa es la constante en mis recuerdos de niño, de joven, de hombre. Y si esa es la constante tras el filtro de los años, es que esa es realmente la esencia: bondad.

La felicidad del hombre es curioso que sea tan terrena, tan humana, sólo en los acontecimientos alegres de la vida. Cuando esa felicidad prevalece en los momentos duros, lo hace porque viene de la mano de la fe, de la mano de Dios. San Alfonso nos dice: "Alégrate de tu dicha, pues siendo Dios la fuente y el origen de ella, en Él te debes gozar y consolar". Y hoy más que nunca Él será reposo, Él será gozo y consuelo para Tía Meme tras toda una vida a tu lado. (Ahora que soy padre, me sobrecoge pensar en la educación que los abuelos dieron a sus hijos, y que resplandece en ella, como lo hace en mi madre, conjugando fe, dignidad, entereza y sentido del deber en unas dosis tan difíciles de alcanzar). Consuelo también para los primos y los sobrinos.

Me ha llamado Ana para decirme que te acabas de encontrar cara a cara con tu Redentor. He rezado y me he puesto a escribirte estas palabras con el cariño de un niño de rizos rubios y con la fe de un hombre adulto que va perdiendo el pelo ya oscuro; con el dolor del cariño y con la alegría de la fe; desde el cariño constante y la fe consciente. Son el cariño y la fe que ofrezco por ti en oración.

Que goces de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos.

3 comentarios:

  1. Querido Enrique:
    MUCHAS GRACIAS. Puedo asegurarte que mi padreha muerto en paz y tranquilo. Estoy seguro que ya está con Dios Padre, estoy convencido de que se ha reencontrado con El y que lo ha recibido y abrazado como solo El sabe hacer.
    Mi padre ha sido un gran hombre, un hombre bueno, un hombre de fe y un gran médico.
    Mi padre ha sido un gran padre que supo enseñarnos a amar sus grandes amores: Dios, mi madre, su tierra, Zaragoza, su patria,España y su medicina.
    Mi padre consoló a muchas, mucha gente, escuchó, animó y ayudó a muchos, los acompañó en la muerte (siempre les preguntaba u ofrecía un confesor) y a otros muchos los curó.
    La verdad es que mi padre fue un gran hombre y me enorgullece muchísimo ser su hijo.
    Gracias Enrique por tus palabras pero sobretodo GRACIAS PAPA por el inmenso regalo de poder compartir contigo 54 años.

    ResponderEliminar
  2. Querido Enrique: mañana por la mañana ofreceré la misa por su eterno descanso y también por la familia. Un fuerte abrazo y más sentido pésame.

    ResponderEliminar