lunes, 25 de febrero de 2013

Unus pro omnibus, omnes pro Uno

Por Uno estábamos ahí todos, celebrando la Santa Misa, la Pasión y la Resurrección, la Redención que nos regaló con el precio de Su Sangre. Entorno a la presencia real de Cristo en la Eucaristía, escuchando la Palabra en el segundo domingo de Cuaresma.

Muchos celebrábamos además, alrededor de la Mesa, los 150 años de presencia Redentorista en España. Algo así como Unus pro omnibus, omnes pro Uno. Quienes estuvimos presentes ayer a las 10:30 de la mañana en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid y quienes siguieron la retransmisión de la segunda cadena de Televisión Española. Ayer se unieron muchos que no siguen de manera habitual la misa por la tele, y lo hicieron para sentirse parte, porque de una u otra forma son parte.

Hemos vivido unos días fantásticos, pero el culmen, insisto, fue ayer. Y yo estaba orgulloso y feliz. Orgulloso no de las magníficas voces del coro, sino de las extraordinarias personas que formaron ese coro; orgulloso por el callado, dedicado y abnegado servicio que muchos de ellos realizan en PS, orgulloso por la callada, dedicada y abnegada labor del sacerdote que les acompaña. Como muchos de los jóvenes que ayer se unieron realizan en sus parroquias Redentoristas de origen. Orgulloso por las caras de felicidad de los feligreses, de los que llevan toda su vida en la Parroquia y de los que acaban de llegar y son acogidos como “de toda la vida”, y yo sé bien de eso. Orgulloso de todos los grupos parroquiales, de todos los miembros de esos grupos que no han parado de ofrecer manos y tiempo para colaborar. Orgulloso tanto de quienes han trabajado de manera incansable y se les ha visto, y de quienes han trabajado de igual forma permaneciendo en la sombra. Orgullosísimo de quienes no han parado de rezar. Todos con igual actitud de servicio común, siendo cada uno como es, lo que me reafirma en cuánto enriquece y engrandece la diversidad, la esencia del individuo puesta a disposición de un fin común.

A mi simplemente me tocó leer la segunda lectura. Como un domingo más, como cada día que me acerco al ambón y leo, con igual fe, igual ilusión, igual tranquilidad e igual responsabilidad por Aquello que leo; pero ayer salimos dos porque en mi corazón iba un enfermo que me sostuvo, y por quien pronunciaba cada una de las palabras de la lectura. Y la verdad, con la emoción de que yo estaba ahí con mi mujer y mis hijas, 150 años después, scalando en Familia.

Estábamos todos. Hasta quienes no pudieron. Redentoristas que fueron llegando a lo largo de la semana de distintas partes del mundo, musical, teatro, presentación del libro, exposición itinerante, comida, pero nada como la Eucaristía. Feliz de ver a mis hijas jugando y corriendo con otros niños a lo largo del fin de semana, en casa; pero nada como la Eucaristía, insisto.

La lista de nombres sería interminable, cada uno de los actos daría para una entrada, aunque solamente voy a nombrar a una persona, se llama Miguel, bueno, Michael. Un tipo encantador, arrollador de simpático; se le ve en la cara. Pero es que eso no es nada, es solamente un rasgo. Michael Brehl, Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor. Su homilía de ayer deja bien claro quién y cómo es este Redentorista canadiense; os animo a escucharla pinchando aquí: http://www.rtve.es/alacarta/videos/dia-del-senor/dia-del-senor-parroquia-nuestra-senora-del-perpetuo-socorro/1698285/

Un día para dar gracias a Dios, a San Alfonso María de Ligorio y, personalmente, a quien me lo presentó. ¡Y qué contento, pero qué contento estoy de haberle conocido!

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