viernes, 13 de junio de 2014

El valor del esfuerzo

El valor, la grandeza del tesón y el esfuerzo personal los tengo en casa: mi mujer. Pero además es la imagen viva del desprendimiento.

Acaba de terminar en un curso los dos primeros del Grado de Magisterio en Educación Infantil. Varias matrículas, varios sobresalientes… y ni un minuto para ella misma. Madre de dos niñas, estudiante universitaria, catequista en PS y con un trabajo de una hora por las tardes en el Colegio de las Esclavas de Martínez Campos que ya finalizó. Y se enfrentó a los exámenes de junio con la presión de que yo también me había quedado en el paro. Con esfuerzo se puede a pesar de los problemas.

Sin dejar traslucir los nervios ni el estrés. Con la normalidad de lo que toca, sea lo que sea. Su vida es una historia de superación.

El desfase generacional con sus compañeros de la Universidad Francisco de Vitora, donde estudia becada, en lugar de convertirse en un obstáculo, ha sido una oportunidad ejemplar también para muchos de ellos; “mami”, la llaman.

Estoy feliz porque todo su esfuerzo se ha visto recompensado con unos magníficos resultados. Y sin reproches por los batacazos, con una fe firme y la entrega de siempre. Aunque los resultados hubieran sido otros mi admiración habría sido la misma porque encara la adversidad con fe y optimismo.


Tiempo de dar gracias a Dios. Gracias, porque los problemas también pueden afianzar. Vamos para once años de matrimonio y, cada mañana, cuando lo primero que veo son sus ojos, me siento igual que aquel quince de agosto de 2002 cuando los vi por primera vez. Gracias, porque también en la adversidad, con nuestras dos hijas, vamos scalando en Familia. En eso consiste también este camino de santidad llamado matrimonio, en superarse juntos scalando hacia Él. Todo por Amor.

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