viernes, 18 de octubre de 2013

Me lo ha chivado...

Un grupito de niños en un Oratorio, haciendo lo propio, orar, aprender a orar. La idea me encanta más allá, mucho más allá de añoranzas o nostalgias del pasado. Tan hermosa es la imagen de unos niños orando como la de un sacerdote y unos catequistas enseñando a hacerlo.

Yo aprendí a rezar en mi casa, de la mano de mi madre. Ella y la familia fueron el primer conducto con y hacia Dios; ella fue quien comenzó a inculcarme que le tenía bien cerca: dentro de mí. Fue en el colegio donde, además de memorizar el catecismo de la época, me enseñaron a orar  (creo que no es una mala combinación, dada la tremenda incultura religiosa actual, aunque de escoger me quedo con la oración; pero lo suyo en todo es tender a la excelencia para todos). Una habitación pequeñita, las paredes con dibujos infantiles, sentados en el suelo sobre una alfombra, y todos frente a un Sagrario que estaría a no más de un metro del suelo… y a comenzar a hablar a Jesús con la naturalidad de un niño, sin miedos, con respeto y cercanía, como a un Amigo… pero a Jesús realmente presente en la Eucaristía, sabiendo que es el propio Cristo quien está en ese pedazo de Pan.

Bueno, pues otro grupito de niños, aunque sin Sagrario, y algo mayores de lo que yo era cuando me inicié en esas lides, estaban el otro día “charlando/orando”, en un oratorio de una Casa de los hijos del autor de Visitas al Santísimo o El gran medio de la Oración. Debían de estar en el momento de compartir de viva voz inquietudes o peticiones, me imagino, por que una de las niñas pidió, entre otras, cosas para que su padre dejara de fumar…

…esa niña es mi hija mayor. Y alguien “malintencionado” me lo ha chivado...

Ante esto tengo varias opciones: no hacer ni caso, sentarme con ella y explicarle que igual es mejor pedir otras cosas, especialmente aquellas indicadas a la Salvación propia y ajena… no sé… lo que tengo claro es que voy a comenzar por demostrarle la excelencia y eficacia de la Oración… …dejando de fumar. Hace una par de días que fumé mi último cigarrillo y el Señor ha tomado sus caminos tanto para que yo lo dejara como para que mi hija comience a ver el valor práctico y real de la Oración humilde y confiada.

En breve seré yo quien la lleve de visita ante el Santísimo. Cualquier modo de rezar a Dios es un santo modo de rezar pero lo que tengo personalmente muy claro es que o nos encontramos solos y en pleno desierto de Atacama (sí, esto es una exageración) o ya que, “así como Jesucristo está vivo en el cielo rogando siempre por nosotros, también en el Santísimo Sacramento del Altar continuamente de día y de noche está haciendo este piadoso oficio de abogado nuestro”, nada como hacerlo digamos que “cara a cara”.

En cualquier caso, como hace no mucho leí a un Redentorista, "se aprende a orar orando. No es cuestión de método sino de paciencia".

De manera que, como cualquier modo de rezar a Dios es un santo modo de rezar, lo importante es hacerlo… …y tener un padre tan bruto como yo que sólo por cabezón es capaz de dejar de fumar… ¿o es por la oración?

2 comentarios:

  1. Ánimo, Enrique y dale gracias a Dios por esa hija que tanto te quiere. Me recuerda con vergüenza, las angustias que hice yo pasar a mi hijo y todo lo que me animó cuando lo dejé.

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  2. Gracias por tu testimonio, Enrique.

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