domingo, 10 de marzo de 2013

¡Qué bueno es el Señor!


¡Qué bueno es el Señor! Con ésta frase acababa la homilía de la misa de 21h del cuarto domingo de Cuaresma en PS ¿Se puede empezar de mejor manera la semana que con esta certeza? Yo creo que no. Cada vez que en misa escucho la Palabra es como si fuera dirigida directa, concreta y personalmente a mí; lo mismo me ocurre con la homilía, y tras la de hoy, me han entrado ganas de aplaudir, y no es plan, la verdad, pero qué gustazo. Hay veces en las que casi da la sensación de que quien predica se sale, de una manera real, de sí mismo; transciende, impacta y conecta. Sin necesidad de grandes cosas, fe, sensatez, claridad y sencillez para hablarnos de “lo de siempre”. Igual que hoy en día, si buscamos en internet, podemos encontrar sermones de San Alfonso, creo que hay homilías que deberían ser publicadas y, por hablar de lo de siempre con fe, sensatez, claridad y sencillez, trescientos años después serán igual de vigentes.

Claro que a mí me dio ya la sensación de entrar en el templo escuchando el revoloteo de los ángeles, y no hay mejor coro que ese. Y es que hemos vivido un tranquilo fin de semana de esos en los que casi a cada momento ves claramente lo bueno que es el Señor en la cotidianeidad. Un fin de semana familiar, en el que fuimos a una exposición de fotos sobre Juan Pablo II a la Casa de Vacas del Retiro durante lo que fue una mañana parroquial, scalando en Familia (con tres niños pegados a Oita Poppins). Más allá de la exposición en sí misma, la maravilla ha sido precisamente eso, scalar en Familia, desde un niño de cuatro años a un joven “abuelete”, que después de todo San Joaquín era el abuelo de Jesús, y a éste mis hijas le adoran.

Además, una tarde de cine en familia, ni uno más ni uno menos y eso mismo, a pesar de la peli, es un lujazo. Reunión del Grupo de Matrimonios tan sincera, abierta y profunda que casi la veo como de discernimiento personal y comunitario. Noche de pizza de vigilia con un joven hermano enorme de PS. Scalando en Familia.

Aperitivo de domingo con todos mis cuñados y mis sobrinos. Scalando en Familia.

Y redondeándolo todo, tuvimos una maravillosa, entrañable y enriquecedora celebración Eucarística del Grupo de Laicos, con niños incluidos, compartiendo merienda y lugar para la oración, reflexión, humor y diálogo inteligente. Brillante homilía y unas peticiones espontáneas en las que también participó algún niño, así mismo, de manera espontánea. Sensacional. Scalando en Familia.

Unos privilegiados, lo sé. Me siento realmente privilegiado. El corazón aún me bombea a toda potencia. En la homilía de esta tarde/noche se nos hizo una pregunta concreta y yo claro que lo recuerdo; un momento y una fecha que no podré olvidar jamás (tú bien sabes que lo recuerdo, estabas allí como cauce y el torrente de Agua me arrolló). Y desde entonces, con tropezones, con vaivenes, con lo que se quiera, pero con mi mujer y mis hijas, sostenido en mi fe por la fe de una comunidad y en el seno de la Iglesia, exactamente eso es lo que siento: ¡Qué bueno es el Señor!

Con total sinceridad, volvamos a casa, al Padre que nos espera. Os lo recomiendo a todos, comprobad la sobreabundancia de la Redención que nos regala; a todos nos espera, sólo tenemos que volver. ¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!

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