miércoles, 13 de marzo de 2013

¡Exulta cielo; alégrate, tierra!


Misa de 19h en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, me encontraba en el ambón finalizando la Primera Lectura, del Libro de Isaías, iba por el siguiente versículo: “Exulta cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados”, cuando las campanas del Santuario se volvieron locas, unidas a la alegría de la Iglesia, y su sonido anunciaba la fumata blanca. Presidía el P Antonio Roncero. Por lo visto, desde ese momento mi sonrisa se salía de la cara ¡Ya teníamos Papa! Yo estaba exultante, no sabía quién era, daba igual, fuera quien fuera había Papa. Recogí los libros de Vísperas, los llevé a la sacristía, y al salir me encontré con que mi mujer había entrado en la capilla con mi hija mayor (acababan de terminar la Catequesis) y estaban dando gracias. Fuimos corriendo a casa para poder ver en directo, toda la familia, a quién había elegido el Señor: a Francisco. ¡Un religioso! Sí ¡Un religioso! ¡Y adopta el nombre de Francisco!

No era de los nombres que más se manejaron. Las quinielas al traste. No había más que rezar para que el Espíritu Santo actuara. Y en privado, en comunidad, por internet, los católicos hemos estado orando por ello. Y el Señor ha escuchado a su pueblo, tal y como reza el salmo de la liturgia de hoy, 13 de marzo: “El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”. “Qué cierto es”, pensaba al leerlo.

No me importa mucho que sea el primer Papa Jesuita; que sea el primer Papa Francisco; que sea el primer Papa Latinoamericano. Lo que me importa es que es el Papa. Me importa que lo primero que ha hecho, además de comenzar con humor, ha sido poner al mundo a rezar, ponernos a todos a orar por el Obispo de Roma. Ha hablado un Obispo que ha pedido por el anterior, S.S. Benedicto XVI. Católicos de todas partes del mundo pidiendo por el nuevo Papa antes de que impartiera la bendición Urbi et Orbi, por un Obispo inclinado ante Dios delante de su pueblo. Oración, oración de unos por otros. Fraternidad. Comienza uniendo al rebaño en la oración.

Anoche escuchaba a Juan Rubio, en un programa sobre el Cónclave de TVE, su ilusión por un Papa que comprendiera la vida religiosa, pues ya lo tenemos; y afirmar que la Iglesia necesitaba un Papa monje, pues ya lo tenemos. Comienza uniendo al rebaño en oración.

He visto a un hombre humilde, firme, cercano. Y he leído también esta noche su carta de Cuaresma como Cardenal, que no tiene desperdicio: “…/… Rasguen los corazones para experimentar en la oración silenciosa y serena la suavidad de la ternura de Dios”.

La ternura de Dios que, una vez más, ha estado cerca de los que lo invocan sinceramente; la ternura de Dios que, una vez más, ha sido generoso con su pueblo. Su fidelidad es grande.

Que ahora el rebaño sea igualmente fiel a su Pastor.

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