jueves, 10 de enero de 2013

Y Alfonso sonriendo


Aunque hoy es ya nueve de enero he seguido felicitando el año a gente querida, muy querida ¡después de todo no les veía desde el año pasado! La verdad es que ha sido un gustazo, desde el jefe del clan a RoboCop; desde los abrazos a los más mayores hasta el del benjamín de la familia; y los adláteres como yo de todas las edades. Un gustazo, todo un gustazo sentirse en casa, la verdad. Y entre tanto abrazo apretado y uno flojito (por si acaso), una niña se me acerca corriendo y pega un salto para cogerla en brazos; era Toya, mi hija mayor, que salía de su primera catequesis del año y, tras ella, María, que también salía de dar su primera catequesis del año. Sí, en PS, en familia; comenzar el año scalando en Familia de la mejor manera.

Entre varios hemos recogido digamos que los adornos navideños de parte de la casa. A bastante velocidad, porque había que dejarlo todo listo para un concierto. Claro que las “figuritas” de las que hablo son como niños de siete años, y cogerlas en brazos para llevarlas al desván subiendo y bajando innumerables escaleras, la verdad, cansa. Que uno ya no es un chaval, pero habría sido capaz de seguir transportando de ese modo a todo un ejército de esas “figuritas”; feliz. Qué tontería ¿verdad? Soy así de simple, porque soy simplemente feliz con las cosas más sencillas, normales y corrientes. Y entre las cosas más sencillas, normales y corrientes está el Señor, entre los abrazos iniciales, las risas, las bromas y el sudor. Las figuritas, enrollar alfombras, quitar colgaduras, retirar plantas (y yo, que soy como soy, a Alfonso aunque me dijeron que le dejara tres, pues le dejé cinco, que para eso es él).

Un trabajo intergeneracional, como en cada casa, como en cada familia. Y todos sonrientes. Y como en muchas casas y en muchas familias, uno de los miembros está un poco pachucho, pero sonriente; eso sí, con cara de querer estar haciendo algo más, con cara de querer “pringarse” un poco más y no poder hacerlo (y que no me entere yo de que lo hace).

Puede parecer una solemne estupidez, pero quien así piense se equivoca rotundamente. Solo por estar así, granito a granito, a lo mismo, desde Vita a Tito, simplemente por eso, ahí estaba Él. Y Alfonso sonriendo; como todos.

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