sábado, 5 de enero de 2013

¿Alumbro?


Ya están cerquita; en unas horas harán su entrada en los hogares los Reyes Magos. En casa los nervios ya van siendo evidentes…

Lo importante es que esos sabios llegaron, siguiendo una estrella, a adorar al Bebé Redentor. Más allá de los regalos, lo fundamental es llegar con el mismo ánimo que ellos ante Él. Para ese recorrido son muchas la lucecitas que nos alumbran en el camino, otra cosa es que las veamos o no, que queramos reconocerlas a o no, que estemos o no abiertos a ese camino interior. Yo reconozco las que me vienen iluminando a mí; puede que no todas, pero si muchas de ellas que, brillando con mayor o menor intensidad, lo hacen como reflejo de Su Luz. Algunas están a diario a mi lado, y por mucho que mi torpeza a veces sea como un huracán que quisiera apagarlas, ahí siguen, imperturbables y luminosas (alguna de ellas, si me lee, ya esté en el norte, en el sur, o en Madrid, sabe bien a qué me refiero). La lectura hoy de una reflexión publicada por un gusiluz espiritual sensato, tranquilo, mesurado y profundo como pocos me ha hecho darme cuenta de esto; tanto de mi torpeza como de las pequeñas luciérnagas que hay en mi vida.

La cuestión es si, recorrido ese camino interior, reconocidos los errores, admirado por el Redentor, y arrodillado ante Él, soy o no capaz de convertirme en una diminuta lucecita, si soy capaz de alumbrar mi hogar, mi entorno; si alcanzo o no a ser un tímido reflejo de esa Luz para los demás, aunque solamente sea para una persona. Porque si uno no es capaz de transmitir lo que siente, lo que vive, aquello en lo que cree, de poco vale. De poco o de nada, porque la fe, la Palabra, la Vida, el Amor, no es para uno mismo sino para los demás; se trata de algo de lo que uno no es propietario, sino custodio y mensajero. Los dones y las gracias no son un producto de autoconsumo, son regalos para compartirlos; además, cuando se es consciente de ello eso es precisamente a lo que te ves impelido.

Y mientras me acerco al Niño a adorarle, mis hijas, ya van viviendo los nervios de los Reyes que esta noche llegarán, como a muchos hogares aunque no a todos. Nervios que les hacen parecer lagartijas imposibles de cazar. Antes de acostarse prepararemos, como cada año, todo lo necesario para que Sus Majestades y los camellos reposten convenientemente; rezaremos al Niño de manera especial, y de manera especial pediremos por todos los niños que no viven una Navidad como nosotros, por los que no viven una vida como la nuestra, que desgraciadamente cada vez son más. Y mañana, tras las sorpresas, las ilusiones, y los corazoncitos palpitantes a velocidad máxima, iremos a misa de 12, 30 a nuestra parroquia Redentorista de Santander, todos, nosotros cuatro con mi madre. Adoraremos al Niño y le pediremos poder ser unas minúsculas luciérnagas.

A todos ¡Feliz Noche de Reyes!

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