domingo, 26 de agosto de 2012

Historia de una Piñata


Cuando la Luz del Amor golpea la Piñata de tu vida el aturdimiento inicial te descoloca pero, tras despejar la incógnita (por mucho que asuste en un principio), ves que ese dulce batacazo ha rasgado el finísimo papel de la piñata. Queda así plenamente visible ver el agujero por el que de manera súbita han caído al suelo tantas menudencias “fundamentales” en las que creías radicar tú día a día y un altísimo porcentaje de tu felicidad.

Ya nada es igual siendo todo idéntico. La Piñata se bambolea y casi pareciera un farolillo por la magnífica Luz que ahora se aprecia a su través.

Pero de ella aun cuelgan estrechitas cintas de colores y llega un punto en el que te ves a ti mismo asiendo una de ellas y tirando con fuerza para que caigan más de esas menudencias y pueda entrar más luz. No hacen falta grandes peroratas ni enjundiosos sustentos teológicos; basta la necesidad y el deseo de simplificarlo todo para dejar paso a esa Luz. No hay más. Y lo haces. La Piñata se ve airosa y con la humildad de una diminuta luciérnaga; una piñata luciendo libre.

Y ahora en casa, de vuelta en Madrid tras mis vacaciones, así me siento, como si hubiera tirado de varias de esas cintas con la fuerza que dan la fe, el deseo, el coraje y la necesidad. Creo que nunca he pasado unas vacaciones tan sencillas, tan ligeras, tan intensas y tan felices. Con mis tres niñas, en familia, con los mejores amigos (quienes estaban físicamente, los que han elegido permanecer “conectados” y aquellos pocos que saben que les llevo siempre en mi corazón vaya adonde vaya y esté en donde esté), disfrutando fundamentalmente de todos esos regalos en las maravillas de la naturaleza que nos permite contemplar la grandeza de la Creación y a Él en ella y entre nosotros. Privilegiado, afortunado y dichoso.

Y ya estoy de vuelta. Pero consciente de que no todo lo bueno se acaba si queremos que continúe en nosotros; todo aquello que es bueno lo es por y para que algo, alguien, sea mejor. Es cuestión de cómo miremos, de cómo veamos la realidad... ¡y cambiarla!

Aunque aun quedan cintas de colores colgando de la Piñata... Scalando.

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