miércoles, 15 de agosto de 2012

FIAT


Oruña, Cantabria, ya iniciado el día de la Asunción de la Virgen María del año 2002. Volviste la cabeza con un golpe de pelo; sonreíste, mientras con un rápido revoloteo tus larguísimas pestañas llegaron al fondo de mi alma despejando el polvo. No es que fueran los ojos más hermosos que jamás había visto, es que, antes incluso de zambullirme en ellos, supe que ahí estábamos el uno para el otro desde el principio de los tiempos; así nos pensó Él. No había nadie más entre toda esa gente, sólo nosotros tres: Él, tú y yo. Ya lo sabes, tú y todo el que me lo fue preguntando; fue un instante, el instante de la eternidad. Todos los presentes pudieron contemplar la fuerza irrefrenable del impacto.

Así son los caminos del Señor, insondables. Justo cuando mi “alma era lo mismo que una ranita verde” –la ranita de Dámaso Alonso en “Hijos de la ira”-, y, al atardecer de mis treinta y seis años había decidido liberarme de mí mismo, dejarme arrastrar, dejarme arrebatar, resultó que Su Amor eras tú. Quizás Él simplemente esperaba una respuesta.

Al día siguiente, en mi casa me preguntaron qué tal me había ido. Respondí como siempre, entre impasible y socarrón: “¿anoche? Ah, bien, conocí a la mujer con la que me voy a casar”.

Al tercer día –tu conoces muy bien que no fue casual que fuera al tercero-, llegó la primera cita, y durante aquella cena nuestra tercera conversación, que devino de manera natural en un resumen condensado y descarnado de nuestras vidas –después de todo desde la Creación a entonces teníamos que ponernos al día- mientras yo no paraba de surfear en tu mirada.

Porque yo sí creo que el matrimonio es cosa de tres; porque el amor del Amor se nutre y por ello es un FIAT. Y acampó entre nosotros. Y con Él entre nosotros los tropezones, los malos humores, los problemas cotidianos, las carencias, las debilidades, pueden ser sólo anécdotas; porque la casa se asienta sobre Roca firme. Con una voluntad común de mantenernos bajo Su mirada.

Mi historia no es la de un hombre con vocación al matrimonio. Mi historia es la de un hombre llamado Enrique con vocación concreta al matrimonio en la persona de María. Mi mujer. Y un 31 de octubre entrabas radiante por el pasillo central de la iglesia mientras el coro entonaba el gregoriano “Ave, mundi spes, Maria” para darnos el sí definitivo. Fiat.

Nuestra vida en Sus manos sin mayores planes. Cuatro regalos: dos que nos esperan en el Cielo y Toya y Paula, que nos acercan un poquito el Cielo a nuestras vidas. Y con Él entre nosotros, un compromiso constante ad intra y ad extra. Una pequeña familia en una gran Familia. Y un permanente GRACIAS a Dios.

Fechas a no olvidar jamás: 15 de agosto, 31 de octubre, 2 de marzo, 27 de febrero, 19 de mayo. Sí, esas cinco.

Diez años. Scalando en Familia.

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