Scala News

lunes, 6 de septiembre de 2021

Padre Eulogio Belloso CSsR D.E.P.

Hace tiempo que no escribo por aquí, incluso siendo consciente de que el silencio también es expresivo. Seré breve.

Hoy lo hago para pedir oraciones por el Padre Eulogio Belloso, un sacerdote Redentorista que llevaba ya varios años en la Comunidad de Santander. Le queríamos mucho, no podía ser de otra manera. Cada vez que íbamos a Santander de vacaciones y entrábamos en la sacristía del Alto de Miranda, cuando le tocaba presidir a él, nos recibía una sonrisa que era un abrazo en sí mismo. La sonrisa de sus ojos nos daba ese abrazo de familia que solamente se reconoce cuando se recibe. Nos reconocía y percibía como unos pequeños miembros más de esta familia. Tras los piropos a las niñas comenzaba a repartinos lecturas o cosas que hacer, aunque ya lo tuvieran todo preparado los fieles del lugar… Él era así.

Recuerdo especialmente las Semanas Santas y la intensidad de las Soledades de María que preparaba. Y sus homilías, con una voz profunda y grave que llenaba el templo como una oración rotunda.

La misma sonrisa con la que nos reciben Rafa Alonso, o Víctor Roca, o Javier Recio…

Hoy rezamos por el Padre Eulogio, y si alguien lee estas líneas le agradeceré una oración por su alma. Pero confieso que también le rezo a él, que interceda por esta pequeña familia y por la Iglesia.

Un sembrador cuyos frutos continúan. El ciclo de la Vida. Y la gracia de Dios que continúa regando de vocaciones a esta Congregación. El pasado sábado profesaba en el santuario del Perpetuo Socorro de Zaragoza Daniel Torrubia, quien vendrá a Madrid junto a varios jóvenes más a una nueva comunidad de formación. Ya puestos a rezar, pues os los encomiendo. El Padre Belloso velará también por ellos.

Eulogio, ya has visto cara a cara a tu Redentor; que goces de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos.

martes, 1 de junio de 2021

Enrique Pérez-Llantada D.E.P.

La pena empaña el corazón y riega los recuerdos con lágrimas. Qué importantes son los recuerdos, esa argamasa de la vida que te sostiene en la soledad y la distancia. Hoy, mi queridísimo padrino, ya nos cuida desde el cielo. Sin sufrir. Prácticamente perfecto hasta el final.

Esa pena se despeja con los recuerdos que engrandecen el alma. Una parte de mi ciudad, Santander, va desintegrándose. Enrique Pérez-Llantada, miembro de una saga familiar insigne de médicos, se ha apagado. Cuando cierto tipo de personajes que han sido parte activa y relevante de la historia e intrahistoria desaparecen del paisaje urbano, las ciudades marchitan un poco; empequeñecen.

Pero la luz de los recuerdos y su vida iluminan. Mirar atrás, con la perspectiva de la transcendencia y bajo el calor del inmenso cariño, reconforta y enorgullece. Duele la distancia, duele el no poder estar. Ya va siendo un sino en mi vida no poder hacerme presente en los momentos importantes de la gente que quiero. Y duele. Cuando esta mañana me ha llamado mi madre para comunicarme la triste noticia me hubiera gustado estar ahí, junto a ella. Ahora quisiera estar ahí, junto a mi tía y mis primos. Simplemente abrazarlos. Ya, ya sabemos que corresponden días; pero también sabemos que en ocasiones realmente no se puede. Y en eso me estoy especializando…

Se me agolpan los recuerdos: en casa de los abuelos, en su consulta, en Las Gaviotas tantos días de Navidad, en Barlovento tantos días de Reyes… Sus llamadas diarias el año pasado cuando yo estaba convaleciente de COVID y a él se le unían la medicina y el cariño del tío siempre pendiente. Tío Enrique, has sido un padrino extraordinario; cuánto te voy a echar de menos. Si miramos hacia atrás desenfocados puede parecer que la vida se nos marcha entre los dedos. No es así, hacemos la Vida diariamente y tu, hoy, has alcanzado su plenitud y máximo sentido.

La pena se mezcla con la satisfacción de que el P. Rafael Alonso CSsR, superior de los Redentoristas de Santander, ha sido quien le ha dado la Unción. Historias de mi propia vida que se juntan de una manera gozosa. Porque es la fe en la Resurrección lo que mantiene despejado el horizonte, el corazón firme y la mirada alta. Si alguien lee estas líneas, le pido que eleve una oración por el eterno descanso de su alma.

Tío Enrique, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Enrique te habrán presentado ante el Señor; ya has visto cara a cara a tu Redentor. Que goces de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos.

 


domingo, 9 de mayo de 2021

Amigos

 

Hay muchos pensamientos y reflexiones del Jesuita José María Rodríguez Olaizola con los que estoy de acuerdo. Podría decir que la mayoría, aunque no todos. Disfruto y crezco con sus libros. Es alguien sorprendente. Educado, afable, cercano, de un trato inusualmente cordial. Sonrisa franca y una paz en el fondo de su mirada que llega a ser contagiosa. En una ocasión recurrí a él para pedirle un favor sobre el TFG de mi mujer y su respuesta, consejo y asesoramiento no se hicieron esperar. No así algún otro sacerdote, divo de las redes sociales, con quien en aquel momento tenía mucho más trato; aún seguimos esperando respuesta.

Hoy soy un seguidor en la distancia de Olaizola y normalmente comparto sus tweets aunque o no esté de acuerdo o no lo esté al 100%, porque hacen pensar, reflexionar y crecer. La bondad y la belleza están tras cada uno de ellos. Además, no estar de acuerdo no quiere decir que el acertado sea yo… Esta mañana posteó uno con un pensamiento realmente atinado, mostrando una realidad que puede llegar a ser incómoda o dolorosa:


Ciertamente Jesús llama “amigos” a sus discípulos, los eligió como tales. Como Amigo suyo les contó lo más íntimo de su propia Vida, la relación con su Padre. Les contó aquello que el Padre le había confiado. Eso son los amigos, así son los amigos. Elegir a alguien como tal es un acto libérrimo, profundo y pleno de amor. No hace falta verse a menudo, simplemente basta con que ese acto de la voluntad individual y recíproca siga siendo íntimamente renovado.

Jesús nos habla hoy a nosotros. Nos elige como sus amigos. Me habla a mí. Me ha elegido como amigo suyo. Que yo responda a esa elección primera es un acto profundo, libre y pleno de mi voluntad. Pero es eso, una respuesta a una elección primera. Amar es un acto profundo, libre y pleno de la voluntad y, no nos engañemos, Él amó primero. Siempre hay alguien que ama primero.

Así es la amistad. Un acto consciente y voluntario. Jesús es el primer amigo. Creo que es por eso por lo que me gusta tanto la lectura del Evangelio de hoy, y la micro homilía de Olaizola en su tweet. Sé que se me ve el plumero, no dejo de ser hijo del Doctor de la oración, de San Alfonso Mª de Ligorio quien en Opere Asthetice ya nos dice: “Acostumbraos a hablarle de tú a tú, familiarmente, con confianza y amor, como a un amigo vuestro, el más querido que tenéis y que más os ama”…/…” a Dios le gusta que le tratéis con confianza. Tratad con El de vuestros asuntos, de vuestros proyectos, de vuestras penas, de vuestros temores, y de todo lo que os pertenece”. Quizás por eso entiendo la oración como una permanente y abierta conversación; en una conversación es tan importante hablar como callar para escuchar lo que el Otro tiene que decirnos. Y unas veces uno se enfada y no entiende, o no tiene ni palabras ni ganas de hablar. La reciprocidad de la amistad. Los amigos son así o no lo son.

Así que, amigos, animaos a acercaos a Él. Habladle con confianza absoluta. Recordad que Él os amó primero.

 

domingo, 2 de mayo de 2021

La sonrisa de Inma, la sonrisa del Evangelio

Hace 11 años en el santuario del Perpetuo Socorro de Madrid comencé a ver a un grupo de personas variopinto que campaba realmente por su casa. No sabía muy bien quienes eran, pero estaba claro que “pertenecían” a PS tanto como PS les pertenecía a ellos. Sí, cada una por separado y mezcladas las tres acepciones que de ese verbo nos da la RAE:

1. intr. Dicho de una cosa: Tocarle a alguien o ser propia de él, o serle debida.

2. intr. Dicho de una cosa: Ser del cargo, ministerio u obligación de alguien.

3. intr. Dicho de una cosa: Referirse o hacer relación a otra, o ser parte integrante de ella.

Poco a poco, a medida que de la mano del P. Jorge Ambel y junto a mi familia daba los primeros pasos por allí, yo iba siendo consciente de que aquellos que en un principio me parecieron “alguien” lo eran precisamente por ser servidores. Servidores de la Iglesia, del pueblo santo de Dios en la familia Redentorista. Ese grupo peculiar, pintoresco y heterogéneo eran los Misioneros Laicos del Santísimo Redentor y los Laicos Redentoristas de PS.

Con el correr del tiempo, llamado por San Alfonso, bajo la mirada de la Perpe y de la mano del P. Pedro López yo pasaba a formar parte de ese grupo como MLSR y un par de años después mi mujer como Laica Redentorista, llevando al paroxismo la definición de heterogeneidad.

De ese grupo, cuando aún no los conocía, me llamaba especialmente la atención una pareja con un pintón bárbaro. Lo que captaba mi interés -no sin un punto de desconcierto- era algo inusual: siempre los veía sonriendo. Pero no una sonrisa cualquiera, no. A la sonrisa de la boca le precedía siempre, como el anuncio de algo grande e importante, la que iniciaban sus ojos. Sonreían con el alma. Ellos no lo saben, pero sus ojos fueron para mí las trompetas de Jericó. Hablo de un matrimonio ejemplar, el formado por Inma Huerta Rodríguez y Antonio Fuertes Ortíz de Urbina, y a mi me evangelizaron con la mirada. 

Desde ayer 1 de mayo de 2021, Inma sonríe desde el cielo. La sonrisa del Evangelio, la sonrisa de Inma. Los MLSR estamos de luto, pero celebrando la Vida de Inma. El cariño de mi pequeña familia por Antonio e Inma es tan grande como la pena actual. Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Alfonso le habrán acompañado ante el Redentor. Imagino el abrazo del Señor al ver esa sonrisa y esa mirada.

Tengo el móvil inundado de mensajes de WhatsApp y todos coinciden en lo mismo: la bondad de Inma. Pero buena de verdad. El Señor estuvo grande con nosotros porque la puso en nuestro camino y ella llevó al Señor a tantos con la sencillez y limpieza de su mirada. Disfrutona, disfrutona a rabiar con la sencillez de la Vida. La última vez que estuve con ella, en la sacristía de PS preparando el Vía Crucis que nos tocó animar……cómo se le iluminaba la cara al hablar de sus nietos. Creo que jamás olvidaré nuestra discusión – la discusión de dos grandes peleones- el 8 de marzo de 2020, al salir de misa, a cuenta del puñetero virus que se la ha llevado; no puedo olvidarlo porque me di cuenta entonces de que sonreía incluso discutiendo.

Inma, háblales a San Alfonso y a la Perpe de este puñado de hijos suyos que tienen aquí; cuidadnos desde el cielo. La comunión de los santos nos hace seguir unidos. Muchos conocemos a santos en vida sin darnos ni cuenta, pero a veces sí que somos conscientes. Somos unos privilegiados, porque Inma ha sido uno de esos gozosos casos.

Inma, tu ya has visto cara a cara a tu Redentor. Ahora sabes cuánto os queremos. Trataremos de que esa sonrisa de Antonio continúe abierta. Rezamos por él y por vuestros hijos. Pedimos por ti, sí, pero también a ti.

Si hay alguien que lea esto, le animo a hacer lo mismo. Pedir porque Inma esté ya efectivamente con el Señor, pero con mi certeza íntima de poder pedirle a ella.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Anno Domini 2020

 Anno Domini 2020. Sí, guste o no aceptarlo este año que está a punto de finalizar también ha sido un año de Gracia, un año del Señor, que todavía lo celebramos en la Era Cristiana. Dios sabrá por cuánto tiempo lo haremos así.

Ya escribió Mateo que cada día tiene su afán. Sí, cada día de cada año tiene el suyo. 2020 deja tras de sí una astronómica cifra de muertos por el COVID-19, una crisis económica lacerante, de nuevo colas del hambre, muerte a la carta de la mano de la eutanasia, una sociedad amordazada. Por fortuna, una parte cada vez más considerable de esa sociedad aletargada comienza a desperezarse y abandonar el letargo inducido. Tras todo ello la mano del hombre.

Son muchas las ocasiones en las que el actual Papa -en las que el Papa- nos habla del demonio. Casi tantas como clérigos se pitorrean – o cuando menos sonríen con suficiencia- cada vez que escuchan a alguien decir que tras algún mal provocado deliberadamente por el hombre está o puede estar la mano del príncipe de la mentira. Siempre se puede ver a alguien detrás de la mano del hombre. No hay nada más peligroso que aquello que se esconde tras una sonrisa falsa, o tras una sonrisa permanente; no es natural. Claro, que el ius naturale es algo que también hay que derribar o, cuando menos, amoldar -como casi todo- a las nuevas apetencias, a los gustos y modas de la sociedad para no molestar, para no caer mal, para diluirse melifluamente en la masa.

A lo que iba. Que 2020 también ha sido un año de Gracia del Señor. Siempre se puede ver a Alguien detrás de la mano del hombre. Yo he visto al Señor en la mano del hombre. He visto al Señor en tantos fieles franceses rezando en el exterior de sus templos cerrados; he visto al Señor en tantos sacerdotes jugándose su Vida en los servicios de urgencias de los hospitales y llevando el Viático y la Unción a enfermos sin preocuparse de sí mismos; he visto al Señor en celadores, limpiadores, médicos y sanitarios; he visto al Señor en los transportistas que nos han estado abasteciendo; en algunos empresarios arruinados haciendo lo posible por mantener a sus trabajadores; en trabajadores dando el máximo por mantener negocios y puestos de trabajo. En las colas del hambre también he visto al Señor, tanto en quienes piden como en quienes ayudan. He visto al Señor en mi mujer mientras me cuidaba a mí, y en ella y un puñado de madres dándolo todo por los más necesitados en los meses más cruentos de la pandemia. He visto al Señor en quienes rezan y han rezado. He visto al Señor en quienes tienen miedo y en quienes no lo tienen, pero son conscientes y respetan.

Me ha sorprendido el miedo a la muerte de tantísima gente. Es humano, pero no deja de sorprenderme. Comprendo, comparto y asumo el miedo al dolor, no el miedo a la muerte desde la perspectiva de un creyente.

Ha sido un año de filtros. Las desgracias filtran siempre, siempre, a la gente de verdad, los amigos de verdad, quien realmente está y permanece a tu lado y quien desaparece o se desvanece. También es humano. Allá cada cual.

Yo tuve en Nochebuena ante el Niño y tengo hoy especialmente presentes a Elías, a Daniel, a Jorge y a María por un año de perdidas probablemente a destiempo; a quienes no pueden estar junto a sus seres queridos sea por miedo o por impedimentos legales; a quienes se han visto abocados a formar parte de las colas del hambre; a los parados; a los empresarios arruinados; a quienes están en los hospitales.

Pido serenidad para todos. Serenidad y reflexión, pero de verdad. A la hora de meter una papeleta en una urna, en la vida diaria, ante los males sobrevenidos. Serenidad y la ayuda de Dios. Pido que en mi mirada y tras al menos alguno de mis actos puedan ver también la mano del Señor. Pido seguir así, poquito a poquito, scalando en Familia.

domingo, 5 de abril de 2020

¿Domingo de Ramos feliz?


Creo que, hasta donde alcanzo a recordar, nunca había celebrado un Domingo de Ramos tan concurrido como el de este año. Abarrotado, estaba todo abarrotado.

Hoy en casa, en esta pequeñita Iglesia doméstica que tratamos de ser, hemos seguido la celebración presidida por el Papa. Yo no he visto la basílica de San Pedro con un impactante vacío, la he visto repleta de fieles. Estábamos allí todos. Ha sido increíble.

Normalmente mi mujer y mis hijas pasan este día en Santander, en casa de mi madre, y yo en PS. Este año hemos estado juntos y nuestros ramos de olivo cuelgan ya de una ventana de nuestra casa. Pero con nosotros también mi madre desde su encierro solitario, mis hermanos, mis primos -creo que es la primera vez que voy a vivir la Semana Santa junto a mis primos de Barcelona desde hace una infinidad de años, mi comunidad de PS, los amigos del Proyecto Andrómeda, la familia twitera como diría Pil Mancini, familias del colegio de mis hijas y ese Alegra Team, vecinos... (esto de tener un olivo en casa nos ha permitido compartir ramas con algunos vecinos, que hemos dejado en la puerta de su casa como de estraperlo). Junto a mi especialmente todos los que han estado diariamente pendientes en mi convalecencia.

Lo que me impresiona no es una basílica vacía, si no la especialmente expresiva alfombra de palmos físicos y virtuales tejida para acoger a Jesús.

Pero el paso del Señor este año en concreto está alfombrado no sólo con palmos; este año la alfombra verde se ha teñido de rojo con la sangre de todos los fieles muertos por COVID-19. Ya, ya sé que no solamente por ellos, pero la situación es tan cruel que es en ellos en quienes me fijo este año, quizás por estar aún yo mismo en proceso de recuperación. El responso rezado por Su Santidad ha sido para mi especialmente emotivo. Porque no todo va a ir bien, porque no todo ha ido bien. La fe a los católicos nos otorga la realidad de la trascendencia y de una Vida en plenitud. Obviamente. Pero solamente en nuestro país llevamos más 12400 muertos, más de 12400 historias arrasadas. La inmensa mayoría de esas muertes podrían haberse evitado de no contar con un Gobierno en pleno que ha desoído desde el primer momento todas las recomendaciones de la OMS; confío en que acabe ante un tribunal. Es una indecencia leer hoy mismo una frase cruel del ministro del interior: “Este gobierno no tiene motivos para arrepentiré de nada”. Frase escupida sobre miles de cadáveres y sus familias. Pido a Dios que se arrepientan y pido por la Misericordia del Señor también les alcance a ellos.

A pesar de las vidas sesgadas, a pesar de los féretros cuyas imágenes nos ocultan, a pesar de las lágrimas furtivas, a pesar de los viudos y huérfanos, a pesar de los nombres y las historias que nos hurtan, os deseo a todos un muy feliz Domingo de Ramos; por todos ellos. Porque volverá a reír la primavera y cada mañana nos visitará el sol que nace de lo alto.

Llevamos ya unos meses de pasión antecediendo a esta Semana Santa. Quiera Dios que caminemos unidos estos días para resucitar todos en Él. Juntos, scalando en Familia.

viernes, 27 de marzo de 2020

GONE WITH THE VIRUS


No me encuentro bien. No lo voy a negar. Ya mejoraré. Pero es lo que hay y simplemente queda asumirlo. Obedecer, cumplir lo que me manden y rezar. Lo peor posiblemente es que hoy iba a abandonar mi aislamiento, me encontraba ya casi perfecto, pero he amanecido con neumonía y un dolor muy fuerte en el costado derecho. Antibiótico; sigo en casa, pero si empeoro sólo un poco, o aparece algún otro síntoma, me dice el médico del centro de salud que a urgencias y me ingresarán. Ya sé que la azitromicina tampoco es el bálsamo de fierabrás, pero el dolor ahí está. Me ha abrazado y parece que con un cierto cariño…

Ya conozco a alguno que se quedó en el intento (aquí seguro que podréis poner nombres), a alguno que lo superó (Ramón y Mónica, Jorge), a alguno que está ingresado (Íñigo), a alguno que lucha por sobrevivir (Javier), a alguno que lo pasa en casa (Patxi, Javi). No le tengo miedo a nada; y cuando digo nada es exactamente a nada. Sólo me asusta tener que ser ingresado, pero nada más que por mis hijas. Verme salir con todo lo que oyen les puede hacer pasar por sustos innecesarios, aunque por otro lado les puede tener preparadas, que nunca se sabe. Por mis hijas y por mi madre; sola, mayor y aislada a cientos de kilómetros todo se magnifica. María es fuerte, extraordinariamente fuerte.

Sin miedo y, sin embargo, no puedo evitar emocionarme con la cantidad de gente que está pendiente y rezando. La familia Redentorista pendiente desde distintos continentes, ex compañeros de trabajo y jefes de casi todas las empresas en las que he trabajado (curiosamente de todas de las que guardo un buen recuerdo). Me sorprenden las muestras de afecto y apoyo de aquellos con quienes no tengo un trato cotidiano. No meto a mi familia, ni a esa extensión de mi mismo que es Gonzalo o los amigos de siempre (autonombraros). No meto a nadie de mi vida diaria, ni física ni en las redes. Sin embargo, no dejo de emocionarme. No dejo de emocionarme con Elías tan cariñoso siempre con sus mensajes cotidianos; con Manolito, que nos habremos visto sólo 20 veces desde los 20 y está siempre ahí; hoy especialmente con Pota u Orbeuca; con Almudena de Maeztu y sus ánimos por Facebook. Todas estas muestras de interés, todos los mensajes en las redes se revelan casi como una historia de uno mismo, el recorrido de uno mismo. Pasos dados y lugares habitados.

Si salgo este fin de semana de casa lo haré teniendo presentes dos incógnitas dolorosas: ¿habré perdido perdón a todos? ¿por qué desapareció Joaquín? Y punto. Adelante y rezando.

Y a la vuelta a casa seguirán esas incógnitas. Pero también, punto. Adelante y rezando. La primavera volverá a reír y cada mañana nos visitará el sol que nace de lo Alto, estemos aquí o ya en lo Alto. Y se seguirá riendo, y se seguirá llorando y se seguirá sufriendo y se seguirá luchando, y levantando y perdonando. Siempre en gerundio. Vida en estado puro.

Y mientras, escucho a mi mujer desvivirse junto con un grupo de madres de la clase PAI 2B del Colegio Alegra, y en pleno ERTE, gestionar el transporte y la logística de todos los EPI’s que están consiguiendo y/o confeccionando y entregando por Hospitales y Residencias de la Comunidad de Madrid. La veo bregar con transportistas altruistas, donantes, costureras, fabricantes… La levantaría un monumento. Una especie de Melanie Hamilton cuidando a heridos durante la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, mientras piensa en Ashley Wilkes. En el fondo es una historia de superación y reconstrucción. Esto no es Tara, pero hay que sacarle el punto de romanticismo a todo.

A los que apoyáis en la distancia: gracias. A los que rezáis en la distancia: GRACIAS. A los de siempre: GRACIAS. A los de a veces: gracias. Sobre todo y siempre, gracias a Dios.

Que no decaiga nadie ni aunque caiga. Mantengamos todos el ánimo y sonriamos, aunque a veces se nos pongan los ojos vidriosos. Y recemos unos por otros.

sábado, 21 de marzo de 2020

¿Iglesias vacias?


Desde que inicié hace 10 días el aislamiento en mi habitación, sigo la Eucaristía diariamente a través de Youtube o Facebook. Comencé siguiendo la misa celebrada por Patxi Bronchalo desde Valdemoro, desde el epicentro de la pandemia en la Comunidad de Madrid. A él y otros sacerdotes se les fueron añadiendo algunos que incluso no eran muy duchos en redes sociales, pero sí bien celosos de su función sacerdotal. Ese celo y desvelo por tratar de ofrecer acompañamiento a sus parroquianos les impulsó a ponerse aceleradamente al día para continuar sirviendo. Pidieron ayuda y la respuesta en las redes fue rápida y espectacularmente eficiente. Hay que saber pedir, en los tiempos y la situación actual pedir es una oración en sí misma; demuestra humildad, responsabilidad, sentido del deber. Hay que olvidarse de sí mismo cuando se pide para otros, por otros, para continuar sirviendo. Tratar de optimizar fuerzas y recursos para ser lo más eficiente posible. Es por el pueblo de Dios, no por uno mismo.

Entre esos sacerdotes que se pusieron manos a la obra para llegar a sus feligreses está el párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Zaragoza, al él le siguieron el perfil de Youtube de la Provincia y algunas otras parroquias. Desde entonces tenemos la oportunidad de mantenernos unidos y en #Familia. Oraciones, meditaciones, Eucaristías… Hoy le ha tocado a St. Mary’s, la Parroquia Redentorista de Clapham en Londres. Reconozco que me sigue entusiasmando la, digamos, meticulosidad y pulcritud británicas. Celebró, además, un amigo, Fr. Richard Reid CSsR. Todo un lujazo.

Pero además de mi familia redentorista, la inmensa familia de la Iglesia está inundando las redes. No es que se hayan vaciado las iglesias, es que hemos cambiado de lugar para llenar este otro espacio.

Volveremos a llenarlas, volveremos a adorar a Jesús Sacramentado, volverán a colocar unas manos sobre nuestras cabezas para perdonar nuestros pecados. Ahora toca acompañar al Señor en quienes tenemos a nuestro lado. Volverá a reír la primavera.

Mientras, nos vamos sosteniendo en la oración. Mientras, héroes arriesgan sus vidas en hospitales y residencias de ancianos llevando los sacramentos y auxilios espirituales a enfermos y moribundos. Mientras, esos héroes entierran los cadáveres de quienes en muchas ocasiones los familiares supérstites no han podido ni siquiera despedirse. Es el momento que nos ha tocado vivir. Tenemos que mantenernos firmes en la fe, animosos, dar la talla.

Mientras los héroes médicos y sanitarios se juegan la vida para salvarnos; mientras los héroes de limpieza se desgastan como nunca; mientras los héroes transportistas no tienen ni un apeadero para comer; mientras ejército y fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado se desviven en beneficio de todos; mientras supermercados y trabajadores del campo nos abastecen; mientras empresarios de éxito donan millones, materiales de todo tipo, infraestructuras; mientras hoteleros ponen a disposición del bien común establecimientos para medicalizarlos y aumentar el número de camas; mientras monjas de clausura cosen mascarillas; mientras grupos anónimos de personas se organizan para confeccionar batas o mascarillas; mientras España demuestra una vez más que es un país extraordinario, mientras eso ocurre continúo escuchando ruedas de prensa de autoridades dependientes del Gobierno central mintiendo impunemente, a la cara de todos y sobre el cuerpo de los muertos. Pido para ellos, con absoluta sinceridad el perdón del Todo Misericordioso, y el peso de la justica. En Francia ya han denunciado al Primer Ministro Édouard Philippe y a la anterior Ministra de Sanidad Agnès Buzyn. Les ha denunciado un colectivo de más de 600 médicos. Bravo por los franceses que no confunden la unidad de acción de un país con dar un inmerecido espaldarazo a sus dirigentes. “Mentira de Estado”. Mientras escribo esto en Francia son ya 562 los fallecidos por COVID19, frente a los 1326 en España; y tienen 20 millones de habitantes más que nosotros…

No me quitan la paz. Tampoco nublan mi entendimiento ni tuercen mi ecuanimidad. Pido por ellos. Pero ante todo pido por los fallecidos y sus familiares. Y por los enfermos para que, como yo, vayan mejorando hasta superarlo.

No me quitan la paz. Me quedo con la Paz de la oración en #Familia. Me quedo con la Eucaristía de hoy desde Clapham, Fr Richard y el Icono. Y pido para que el Perpetuo Socorro de María nos alcance a todos. Que sea especialmente sotén de quienes no van a poder despedirse de sus seres queridos. Así me quedo, scalandoenfamilia.

viernes, 13 de marzo de 2020

COVID-19 ¿Aislado?


No cabe duda de que estoy viviendo un período de gracia. Pero por ahora soy un privilegiado por poder vivirlo así. No es lo mismo eso que abrazarse a la cruz, que es lo que ya comienzan a hacer todas las personas que empiezan a quedarse sin trabajo por causa de la pandemia del COVID-19. Ya empieza a hacer estragos económicos en muchas empresas y familias y también eso irá en aumento.

Muertos por este virus más los que se registren o puedan registrar como neumonías. E irán viniendo muchos más casos. Todo triste, muy triste. De lo inevitable nadie tiene culpa, pero en el caso de España sinceramente creo que desde el gobierno central ha habido una negligencia punible inmisericorde, por no hablar de ocultar datos para seguir alentando manifestaciones multitudinarias el 8 de marzo. ¿Que me gustaría verlos en un banquillo y juzgados? YA LO CREO QUE SÍ. ¿Que pido para ellos el perdón del Todo Misericordioso? TAMBIÉN. Pienso en ellos y me aumenta la disnea...

No voy a contar aquí mi periplo desde las 7 de la mañana de ayer llamando al 900102112, ni las llamadas infructuosas a mi centro de salud a donde me derivaron por vía telefónica desde el número oficial. Fue surrealista. Penoso y surrealista. Tampoco hablaré de mi paso por el Hospital de Puerta de Hierro de Madrid, ni mi recepción allí, ni el trato en la primera criba. Surrealista. Agradezco el trato recibido una vez pasado al nivel 2 Naranja, por médicos y sanitarios. Especialmente agradezco el empeño de la Doctora Lobón de mi Centro de Salud y hoy de la Doctora Concha Rodríguez también de mi Centro de Salud. No hacen las pruebas porque no hay reactivos suficientes como me han confirmado directamente esta mañama. Eso estaba claro, pero lo que no soporto, lo que me saca de quicio es que me den excusas inverosímiles, que me tomen por tonto. Que encima me lo traten de explicar médicamente como si me fuera a tragar algo… En fin. Es lo que hay, no me planteo más. Pero lo de que me tomen por tonto, no.

Yo estoy ¿aislado? en mi casa y perfectamente atendido por mi mujer. Con una profilaxis escrupulosa. Por favor, si esto lo lee alguien, en serio, manteneos en casa. No juguéis no ya con vuestra salud, no juguéis con la salud de los demás. Podéis estar contagiando sin saberlo. Aquí no hay medias tintas.

Dios nos acompaña. El señor nos acompaña. Pero soy un privilegiado; no me siento aislado. Hoy rezo, y lo hago con una intensidad a corazón abierto por aquellos enfermos que estén solos. Por los ancianos asustados. Quizás no lo sepan, pero no están solos. Os animo a uníos en oración por ellos. Y por los enfermos y por quienes nos cuidan. Y por los médicos y personal sanitario, y por los proveedores, empresas logísticas, de transporte y sus trabajadores.

Por otro lado, también confieso que me sorprende el rigor, los escrúpulos y la falta de comprensión de algunos clérigos y laicos. Lo veo en las redes sociales y me parece sorprendente en pleno año del Señor 2020. Sí, año del Señor; suyo es, suyos somos.

Pongo como ejemplo los desvelos y lo que nos va retransmitiendo el Padre Patxi Bronchalo, de Valdemoro, foco azotado por este virus. Encomiable hasta la extenuación. Un orgullo poder llamarle amigo, hermano, padre. Él y muchos otros anónimos. Santos anónimos. Dándose a los demás en situaciones extremas y críticas.

Yo no soy una persona de escrúpulo fácil, al contrario que mi padre San Alfonso. Por eso mismo, aunque estuviera sano, no acudiría a la misa dominical. Pero me parece duro dejar esa decisión sobre los fieles. Al menos sabemos que en la diócesis de Madrid nos han levantado ese precepto.

Nada hay comparable ni tan hermoso y comunitario para un católico como la Eucarístia; nada. Recibir el Cuerpo de Cristo, compartir con los hermanos… Cierto.

No obstante, estamos hechos a su imagen y semejanza. Dios está en los sanitarios que nos atienden y – por mucho que me cueste verlo- en los gobernantes que nos han puesto a los pies de los caballos. Al Señor ahora más que nunca lo tengo palpable en mi mujer que me cuida, en los ojos asustados de mis hijas tras las mascarillas. En las manos que se nos ofrecen de amigos, y vecinos primos. Está en los médicos que me llaman a diario concienzudamente desde el Centro de Salud. Lo está en los ánimos a través de las redes sociales y las oraciones que nos brindan. No es sólo que esté ahí, es que eso es también una inmensa Comunidad. La inabarcable comunidad de los hijos de Dios, estemos donde estemos.

No salir de casa en vano es hoy no tomar el nombre de Dios en vano. Rezad, cuidaos, sed pacientes, fijaos en ese Dios prójimo, el próximo más próximo que tengamos a nuestro lado. Somos una Comunidad generosa y solidaria. Escribo esto mientras escucho que Matutes ofrece el Gran Hotel Colón para convertirlo en Hospital ante la crisis o Quique Sarasola con Room Mate. Saquemos todos lo mejor de nosotros mismos. Yo lo único que puedo hacer es ser un buen paciente. Y rezar. Cierro los ojos y casi puedo oler el incienso purficando. Siempre rezando, siempre en gerundio.

Como recordaba ayer en Facebook Almudena de Maeztu, “volverá a reír la primavera...”. Mientras tanto nosotros sabemos que nos visitará cada mañana el Sol que nace de lo Alto. 

#QuédateEnCasa #ScalandoEnFamilia

miércoles, 26 de febrero de 2020

Por #Vosotros


Ya estoy deseando llegar esta tarde a misa para la imposición de la ceniza. No sé si podrá cuadrar en PS o en la parroquia de Aravaca, pero haré lo posible. Lo haré yo y desde Arriba me lo ponen fácil, la verdad. Una reunión imprevista en Madrid a las 4 de la tarde me lo facilitará. Toda una alegría. Recibir la ceniza como un susurro del Señor que me dice al oído del alma que cada vez queda menos para la Pascua… Porque cada vez queda menos.

No sé que es lo que me ha impulsado hoy de una manera potente a querer tener especialmente presentes en este camino de purificación, conversión y perdón a mis amigos perdidos. No me refiero a los muertos, que esos ya vieron cara a cara al Redentor. Me refiero a los perdidos… Ya empezó ese ronroneo en casa hace unas semanas hablando del proyecto Andrómeda, pero hoy es una llamada nítida a pedir por ellos estos días. Y aclaro, no es que estén perdidos, en absoluto. Fueron desapareciendo de mi vida sin hacer ruido, como queriendo que no se notase. Las malas rachas no ayudan a que la gente permanezca a tu lado, y yo hace tiempo las tuve. Casi no quedaron guardianes en las ocho puertas de las murallas, pero los que se mantuvieron son roca firme, de eso no hay duda.

Continúo contando con ellos, continúo rezando por ellos. La vida nos va llevando por caminos diferentes, es cierto. Todo está bien, no hay mayor problema. Pero igual que cuando yo caigo y siempre, siempre encuentro al Señor a mis pies para recomponerme quiero dedicarles mi Cuaresma, pedir especialmente por ellos para que siempre sepan ver al Señor a su lado, donde quiera que estén. Cierro los ojos, y casi queriendo oler los jazmines de Jerusalén se los llevo al Señor a caminar por sus calles. 

Y no hay camino interior sano sin una sana mirada introspectiva. ¿Qué hice yo y cuántas veces para apartarme del Señor? ¿Por qué?

Agachar la cabeza y recibir la ceniza. Alzarla y comenzar a andar. Y brotará la luz como la aurora. Isaías 58, 7-10.

Ahí voy, scalando en Familia. ¿Alguien se anima a caminar conmigo?


lunes, 10 de febrero de 2020

En Sus manos


Anoche me acostaba con la triste noticia de la muerte de David Gistau. No le conocía absolutamente de nada y, sin embargo, era alguien cercano. Una de esas voces que me acompañan a diario en el programa de Carlos Herrera en la COPE durante el largo trayecto en coche desde mi casa a la oficina. Unos 45 minutos diarios cuando estoy en España. Voces que corresponden a personas con historia propia, más allá de la actualidad que comentan o la noticia que nos acercan.

La de Gistau era tan potente como sus ideas, como su verbo y como su inteligencia. Eran mucho más numerosas las veces en las que estaba de acuerdo con su opinión que aquellas que disentía. Hoy me conmueve su pérdida. Me conmueve especialmente tras releer “Del Martini al meconio”, un artículo en el que expresaba su miedo a morir joven para su hijo Luca, o escuchar su voz en una más reciente entrevista en la que insistía en la preocupación de morir joven para sus hijos. No quería que fueran, como lo fue él, unos adolescentes enfadados con el mundo por haber perdido a su padre. Pido por él, que haya visto cara a cara a su Redentor. Y por su familia, por sus hijos. Os animo a unios. 

En el citado artículo manifestaba su intención de dejar de fumar, ergo hacer lo posible por cuidarse para los suyos.

Yo abandoné el tabaco hace más de un año. En ese tiempo aumenté una considerable cantidad de kilos y actualmente me encuentro en proceso de descenso. No obstante, no todo depende de nosotros. Hacemos lo que podemos y lo mejor que creemos. Si yo actualmente me cuido es porque no me seduce nada la idea de dejar a mi mujer viuda y a mis hijas huérfanas, no por el miedo en sí mismo a la muerte, que es algo que tengo bien aceptado como el paso definitivo. No he llegado al “muero porque no muero “de Santa Teresa, pero trato de hacer lo posible en mi vida diaria para que la idea del tránsito no sólo no me asuste si no que la vea como un descanso, un inmerecido regalo, confiando siempre en la infinita bondad del Todo Misericordioso, del Redentor. 


No me preocupa el recuerdo que deje tanto como el amor a mi mujer y a mis hijas, a los míos. La solidez que haya sido capaz de hacer crecer en las dos vidas que el Señor nos dio en custodia; que algo de Él hayan podido ver en mí. Haber acertado a ser un tímido remedo de su Luz sería ya suficiente; seminans ad seminandum.

Trabajemos, oremos y confiemos. Amando. Siempre en gerundio. Scalando en Familia.

Empeño, esfuerzo trabajo, voluntad, son básicos. Pero nada son sin ponerlos en Sus manos y dejarnos llevar mecidos por la fe y acunados por la Esperanza.