miércoles, 3 de junio de 2015

Orando en Familia

Una comunidad unida entorno a Él, orando. La custodia sobre el altar y la voz de Manuela y nuestras voces envolviendo ese pedazo de Pan que es el Cuerpo real de Cristo como si fuera incienso elevándose a los pies de la Cruz; perfume para Él en forma de música y la fe de su pueblo.

Y sobre el altar, a sus pies, velas con el nombre de personas con nombre, rostro e historia. Una oración para pedir por los más desfavorecidos, por aquellos necesitados de auxilios espirituales y materiales.

Cuando una comunidad se reúne en su nombre ocurre algo grandioso porque le hace presente, pero aún más cuando esa comunidad se reúne a orar verdaderamente ante Él. Con normalidad, diversa en personas, procedencias y edades. Con la naturalidad con que San Alfonso nos enseña a dirigirnos al Hijo, como a un amigo.

Yo le hablaba en silencio, a veces con el peso excesivo de la nada de mi silencio y la debilidad de mi fe. En silencio, en gerundio, estando, siendo. Y llegó la oración compartida de viva voz y las palabras de Carlos, el diácono redentorista que presidía la oración, trayendo noticias del P José Luis Marra-López CSsR. En ese momento los cristales de mis gafas se empañaron. Vinieron a mi memoria demasiados recuerdos, pero sobre todo sus palabras en la misa de alma por mi padre; nos examinarán del Amor. Él, cuando llegue el momento, se presentará al Padre con matrícula justo en eso, en Amor, y también en caridad, entrega, desprendimiento, sacrificio, fe, deber cumplido, Camino recorrido con los pies sobre Sus huellas. Y humor. Un humor socarrón e inteligente. Me centré en Él ante ese milagro que es el pedazo de Pan que teníamos ante nosotros; exponente máximo del Amor, la Caridad, la Misericordia y la Entrega.

Una comunidad unida, tendiendo manos y regalando corazones. El individuo sosteniéndose en los hermanos, aprendiendo de jóvenes y mayores. La fe compartida sostiene, alienta y empuja.

Carlos –qué gran sacerdote se vislumbra en éste misionero redentorista- nos impartió la bendición y yo, que soy muy mío para mis cosas, me despedí con el Nunc dimitis.

Salí de PS, llamé a mi madre para informarla; se emocionó, y aunque a destiempo, unió su oración a la nuestra. Iglesia en Camino. Volví a casa agradecido.


Una Adoración sincera inunda el alma; en casa, en PS, la expande y eleva. Con la naturalidad de hacer las cosas en Familia. Charlando cara a cara con Jesús. Os lo recomiendo.

1 comentario:

  1. En familia, porque es ahí donde la fe se sostiene, se alienta y se empuja. ¡Qué gran descubrimiento darse cuenta de que la fe se vive en Comunidad!. Tarea pendiente: darlo a conocer suficientemente.

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