martes, 30 de junio de 2015

“Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.”

“Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.” Es curioso, pero este sencillo versículo del libro de los Salmos propuesto para la liturgia de hoy, me ha traído a la cabeza una imagen nítida.

Es la imagen de un hombre bueno, entregado, trabajador, servicial. El rostro de un hombre que acompaña, sostiene, da paz. La cara de la fe, la entrega, la sensatez. La voz de un predicador extraordinario.

Escucha, alienta, se implica, amansa, forma, genera comunión. Aúna esfuerzos, lima asperezas. Siempre está dispuesto. Nunca muestra la más mínima señal de queja o de cansancio. Valiente, discreto, humilde. Creo que todos los que le conocen no pueden sino estar de acuerdo con mis palabras.

En un simple curso académico se ha hecho un hueco tan firme como su fe robusta. Un hueco firme y necesario en la comunidad a la que sirve. Un hueco cálido y confortable en el corazón de quienes le conocemos.

Su consejo no muestra simplemente el latido de un corazón inabarcable, enseña la incomparable sensatez de quien es brillante sin pretender destacar, de quien es tan inteligente como para parecer casi en un segundo plano (porque el importante es siempre el otro).

Es un chaval joven, como tantos otros. Con una ilusión infinita y una entrega inacabable. Mirarle a los ojos es ver el alma limpia de un hombre bueno, es ver la bondad del Señor tras cuyas huellas camina. Sí, porque éste muchacho es un diácono del que nos beneficiamos todos los que formamos parte de mi comunidad parroquial. No solamente niños o jóvenes, cualquiera, porque su sola presencia acompaña; a veces casi sin palabras.

Cada vez que le oigo predicar en PS y veo la estatua de San Alfonso pienso lo inmensamente feliz que debe de estar desde el cielo. El pasado día 27, cuando le vi vistiendo el hábito redentorista blanco que le regalaron en Filipinas, casi me dio un colapso de orgullo.

“Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad”. Luego he vuelto a poner los pies en el suelo, pero al escuchar esto, ha sido Carlos quien ha venido a mi cabeza. Por eso, Señor, te doy gracias porque nos regalas, en Carlos, tu bondad, y en gerundio; porque siempre nos das lo que más necesitamos. Y hacerlo así, con discreción, como sin darte importancia. Que no olvidemos nunca que en sus ojos tenemos la Luz de Su bondad. 

Y que sepamos reconocer la bondad del Señor en los ojos de tantos que pone en nuestro camino. Reconocer la bondad es abrirse a esa misma bondad y dejarse atrapar por ella. Porque la Luz atrae hacia sí. Estad atentos. Sabed descubrir la bondad en los semejantes. Que no nos fijemos en los absurdos superfluos, en las nimiedades. Dejémonos atrapar por la bondad y seremos un poco mejores. 

1 comentario:

  1. Que Dios te bendiga Hermano en Cristo, hoy El Altisimo me manifesto su bondad, una joven me ayudo a poder pasar por practicamente un rio de agua, puesto que estaba lloviendo muchisisisimo, despues de pasar ese arroyo de agua, me pude guarecer bajo un techo, pero seguia lloviendo a cantaros, y corrian enormes flujos de agua en la calle, entonces un joven que tambien estaba ahi, me dice, hacia a donde va? y yo le digo a tal calle, y el joven me responde, yo voy hacia ese rumbo, aqui esta mi carro, yo la llevo, y aunque me daba pena, el me dijo, si yo voy para alla, que me cuesta dejarla??? mi dia habia sido muy duro, me sentia triste, y tenia dolor en mi corazon, y le preguntaba al Altisimo, que pasa mi Senor??? y el leer tu articulo me ha abierto los ojos, ESTA FUE LA RESPUESTA DE NUESTRO DIOS!!!! El me MANIFESTO SU BONDAD!!!!! Gracias, Gracias por haberme ayudado a valorar y a haber descubiero el amor que Cristo me ha manifestado en este dia. Dios te bendiga querido Hermano en Cristo.

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