jueves, 25 de junio de 2015

La Voz

Hoy acaba #LaVoz, el show talent musical de Telecinco. Confieso que yo no he sido seguidor de ediciones anteriores; confieso que me ha gustado. Me ha gustado el formato de un programa blanco, para todos los públicos y que fomenta la música. Todo positivo.

Pero me ha gustado principalmente porque este año uno de los concursantes era Damián Mª Montes CSsR. Claro, que yo le conozca, que le quiera, que sea parte de mi vida y de la de mi #Familia puede restar objetividad a mi opinión. Que yo sea misionero laico del Santísimo Redentor y él un sacerdote Redentorista, en fin, no contribuye precisamente a la objetividad. Qué le vamos a hacer. La realidad es la que es.

Y la realidad ha mostrado el valor de un cura joven, de un religioso redentorista joven haciéndose público en los medios. Damián, mi “hermanito” Damián, no es ni mejor ni peor que cualquier otro joven. Es un muchacho cargado de ilusiones, anhelos, sueños, como cualquier otro. La diferencia es que su vida no es suya porque decidió darse a los demás. Ese, quizás, sea su signo distintivo. No se pertenece a sí mismo. A mí eso no me resulta extraño porque conozco a muchos curas jóvenes, a muchos redentoristas jóvenes, a chicos que aún no lo son pero se van preparando para dar un “sí” definitivo. Son los auténticos valientes.

Damián decidió dar un paso más y poner uno de sus dones, su voz, al servicio del Amor. Regalar un don que le ha sido regalado. Un doble valiente por decidir exponerse públicamente, con la anuencia de su entonces superior provincial y de su obispo. Porque a Damián le gusta hacer bien las cosas, y eso es hacerlas bien. Su valor dando el paso de hacerse público en la televisión y someterse a las críticas ha sido todo un éxito. Y no me refiero al resultado de sus apariciones. Ha sido un éxito de evangelización porque ha “normalizado” lo más normal del mundo, ha abierto a muchos la visión de que un chico normal diga “sí” al Señor y se decida a seguir sus pasos. Ha normalizado a un cura, a un religioso con alzacuellos eliminando todo atisbo de rigor. Lejos está el rigor de Damián como de cualquier Redentorista que son exponente vivo de la benignidad pastoral. La realidad de que el hábito no hace al monje, lleve sudadera o alzacuellos.

Conozco a mucha gente que, gracias a su paso por el programa, se ha replanteado su visión de la Iglesia; conozco a mucha gente que, gracias a su paso por el programa, se ha decidido a dar un paso de acercamiento. Lo cierto es que ese primer paso fue de Damián, y por lo tanto de la Iglesia.

Cuando me enteré de su paso por el programa lo acogí con alegría, ilusión y un fiel apoyo; en ese mismo momento recordé las palabras de otro joven redentorista en su homilía de despedida de PS: “haced caso a las intuiciones de Damián porque son buenas”. Y esta lo ha sido.

Acaba el programa pero no acaba el Padre Damián. Continúan él y tantos otros jóvenes redentoristas, y tantos jóvenes sacerdotes. Él ha enseñado a muchos que no tenían un contacto directo con la vida de fe, la felicidad de la fe, la alegría del Evangelio, una Iglesia joven y en gerundio. Ha mostrado un Camino. Su simple presencia lo ha hecho. Su actuación personal lo ha refrendado.

Y todo ello sin que su enorme labor pastoral cotidiana se haya resentido ni un ápice. Y todo ello con la normalidad y naturalidad de siempre.

Por eso hoy, quiero aprovechar para darte las GRACIAS. Eso sí, Damián, lo sabes. ¡Cómo me habría gustado verte cantar con el hábito!


Él sigue. Seguimos. En Camino. En gerundio. Scalando en Familia.

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