domingo, 12 de mayo de 2013

Mirando a lo Alto


Mirando a lo Alto. Debo ser un carca, ñoño, trasnochado, demodé, extemporáneo o lo que se quiera, pero a mí me gusta ir por la vida mirando a lo Alto. Quizás porque un día comencé con fe, consciencia y pasión a scalar en familia; comencé a ir scalando, ascendiendo a una meta clara, que está en lo Alto. Quizás porque Su Reino no es de este mundo. Distraer la mirada es distorsionar la propia realidad de mi conciencia y de mi Vida. Elevar el corazón y mantener permanentemente fija la mirada en la Meta.

Eso no quiere decir que pretenda ir deambulando embobado haciendo oposiciones para conseguir una contractura crónica en el cuello, ni chocándome contra las farolas. Es simplemente tener claro que el Resucitado ascendió a los Cielos, de los que nos abrió la puerta; es mantenerme bajo la mirada de Dios, sintiéndome amado y amando. No es otra cosa. No me quedo estático, “plantado mirando al Cielo”, pero mantengo alzada la mirada interior; ("...y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios." Lc 24) la alzo cuando oro (mantener la mirada en el Sagrario es hacerlo a la vez en la tierra y a lo Alto) y cuando miro a la tierra. Elevarla a la lo Alto para pedir y para agradecer.

Mantener alzada la mirada interior me ayuda al mismo tiempo a tratar de mirar al mundo, a  mi mundo, a mi entorno, a los hermanos como creo que Él lo haría. Quien mira con el corazón a lo Alto, quien se sabe bajo la mirada amorosa de Dios, es capaz de prestarle sus ojos en la tierra. Es esa mirada alzada la que me hace amar, y tener el corazón pegado a la tierra lo que hace que me duela. Verle en quien sonríe y en quien llora, en quien se entrega, en quien amaga con hacerlo y en quien tiene el corazón yermo. Y tratar de poner un granito de arena para acercar su Reino a la tierra. Mirar a los ojos al sufriente, al atormentado, al humillado y verle a Él; tratar de poner, aunque sea con una sonrisa, ese insignificante granito de arena, elevar la mirada interior a lo Alto y saber que somos igualmente amados. Verle en quien me acoje, apoya, ayuda y sostiene, en quienes lo han hecho a lo largo de mi vida, elevar la mirada interior a lo Alto y saber que somos igualmente amados.

Meterme en el fango consciente del por qué, aunque a veces no sepa muy bien el cómo. Ya, ya sé que quien no está contra nosotros está con nosotros, pero proclamando abiertamente con la vida a Jesús, la Redención, lo que me recuerda un poco a la homilía del Papa Francisco el 14 de marzo ante los 114 Cardenales Electores.

Si yo no scalara en Familia estaría perdido, y si no lo hiciera con la mirada interior dirigida a lo Alto, también lo estaría. Ya lo siento, pero que no me diga nadie que no mire a lo Alto porque..., en fin, pues que como que no. Puedo ser peculiar, pero así soy.

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