viernes, 10 de marzo de 2017

400 años



Cada vez que veo una noticia referente a alguna celebración del Año Jubilar de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, vuelvo al colegio. Me hago un niño y me veo en la capilla de los Escolapios de Santander rezándole a Calasanz; o sin decirle nada. En absoluto silencio, simplemente estando. Muchas horas, muchísimos recreos incluidos; conversaciones entre Calasanz y yo. Conversaciones entre el Señor y yo en presencia del santo; confidencias, desahogos, peticiones, agradecimientos. Con el tiempo descubrí, ya mayor, que incluso ese silencio era la oración de un niño y luego de un joven. Mis particulares “visitas al Santísimo”… Y no he vuelto a esa capilla desde que salí del colegio al finalizar 3ª de BUP… ¡Qué pena…!

Yo he crecido y me he formado no ya entre escolapios, lo he hecho a los pies de Calasanz y bajo su mirada. Por eso hoy, ante cualquier noticia del Año Jubilar, cierro los ojos, vuelvo a Canalejas 6 (sí, entonces era el número 6), entro en la capilla y rezo. Cierro los ojos y recuerdo desde voces a olores; casi puedo ver al P. Fabián en el confesionario o en la sacristía regalándome frasquitos de agua bendita. ¡Lo que ha llovido! Me alegro y me uno en la oración. Aún rezo con mi primer rosario, uno sencillo de cuentas negras que compré en la “librería” del colegio cuando estaba en 3º de EGB; todavía conservo, hoy raída por el tiempo y el uso, la estampa de Calasanz que me dio el P. Manuel Álvarez. Esa estampa recibe a quien entre en mi casa junto a la Perpe, Alfonso, Clemente, Gerardo… todos alrededor de una talla de la Virgen que fue de mi suegra. En Familia, Scalando en Familia desde Peralta de la Sal…

Me alegro de las celebraciones. Doy gracias a Dios de que las redes cruzaran en mi vida, de la mano de José Fernando Juan, la de Santi Casanova  y su familia. Una familia de laicos Escolapios que viven de pleno el carisma calasancio conformando la Comunidad de Salamanca junto a los consagrados. Santi, Esther y sus tres hijos son una bendición, un escuadrón de luciérnagas. #MisiónCompartida La Vida es algo más que un caprichoso juego de casualidades.

Y la tradición oral y mi morriña que han hecho que mis hijas sepan casi de memoria “Las campanas…” aunque vayan a un colegio del Opus. 

Y en mis momentos de tribulación, junto a San Alfonso, siempre estuvo Calasanz; como san Alfonso meditaba la vida de Calasanz en los suyos con la Congregación. Y de mis peculiares visitas al Santísimo, a las suyas…

Cuántas gracias le doy a Dios por su vida y la de sus hijos. Hoy rezo también por ellos y animo a hacerlo a quien lea esto. Pues eso, que “Gloria y honor, gloria y amor a Calasanz…..” y ¡GRACIAS!

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