martes, 21 de febrero de 2017

Vidrios rotos


En la bahía de Ussuri, en Rusia, se encuentra una singular playa, formada por vidrios de colores; podemos encontrar otra parecida en Laxe, en Galicia. Seguro que en otros lugares del mundo hay ejemplos similares. Durante décadas fueron utilizadas como escombreras de cristales rotos, almacenando el deshecho, la basura inservible.
El mar, la fuerza del mar a lo largo del tiempo fue suavizando las aristas de esos vidrios rotos abandonados, moldeando a su antojo el dióxido de silicio hasta redondear cada uno de ellos. El conjunto forma una imagen realmente hermosa, llena de color y de la luz que reflejan.

Viendo las fotografías que Anna Pozharskaya tomó para The Siberian Times, lo primero que se me ha venido a la cabeza es la insistencia del Papa Francisco sobre los descartados. Los abandonados, todos aquellos ignorados, vapuleados por la vida y por nuestra propia indiferencia; todos aquellos que ya carecen de la más mínima esperanza. Cada uno de ellos encierra en su interior la belleza de Dios, a cuya imagen y semejanza fueron creados. Cada uno de ellos tiene un nombre que está inscrito en la palma de Sus manos. Cada uno de ellos es (no fue, es) un proyecto del Padre. Azotados, abusados, marginados, no nacidos, refugiados sin refugio, parados, explotados, humillados, abandonados, ninguneados, ignorados, desesperanzados, presas de cualquiera de las nuevas formas de esclavitud y de las tradicionales… cada uno de ellos es un vidrio roto. Cada grito, cada golpe, cada bala, cada mirada esquiva, cada incomprensión, cada injusticia han ido puliendo sus aristas. Ellos son los vidrios rotos de Dios, creando la más hermosa de las playas; ellos son los favoritos del Señor y, Anna Pozharskaya ayuda a entenderlo, incluso sin ser esa su intención.

Reparando en ello me encuentro al azar con las lecturas de la fiesta de la Cátedra del apóstol San Pedro. Aunque no creo que sea una casualidad. Y como no creo que sea una casualidad aquí os las dejo, junto a la playa de Laxe, la bahía de Ussuri o a vuestra propia orilla..., para que reflexionéis. Yo así trato de hacerlo, siempre bajo la mirada del Padre.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (5,1-4):
 A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

 Sal 22,1-3.4.5.6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara, mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R/.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

  
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (16,13-19): 

 En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»
Pues eso, que ahí vamos, scalando en Familia.

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