viernes, 3 de febrero de 2017

De la Virginidad de María


Confieso que continúo perplejo por el revuelo que se ha montado tras las declaraciones de una dominica argentina en una entrevista televisiva. Me sorprende muchísimo la cantidad de gente que se ha mostrado sorprendida, eso sí, no sus declaraciones. Que esa individua opine como opina de la Virginidad de María a mí, personalmente, no me sorprende lo más mínimo dada su trayectoria. Nada de sorpresas. 

Tampoco me sorprende que un obispo, (éste sí que siempre me había parecido intachable), haya mediado en su perfil de Facebook a favor de la religiosa en cuestión con frases como: “… una Iglesia ocupada en virginidades mientras los niños se mueren de injusticia, es una Iglesia fuera de lugar, una Iglesia fuera de misión, una Iglesia prescindible. La humanidad ni la espera ni la necesita.” O “…2. Agredir a una religiosa por lo que dice en una entrevista, en la que, con respeto, expresa lo que significa para ella la virginidad de María, y hacerlo en nombre de la pureza de la fe cristiana, es propio de señores de la verdad, peor aún, es tic de dueños de la conciencia ajena, a los que hay que pedir permiso para decir lo que uno lleva en el corazón.  3. Algo me dice que en todo este asunto, hay un gran equívoco, y es el de confundir el dogma con sus interpretaciones culturales, con nuestras representaciones del mismo.” No me sorprende cuando se trata de vincular las conductas evangélicas con ciertos sesgos ideológicos y cuando uno trata de revestirse del único halo de bondad real sobre la faz de la tierra.

Tratar de vincular la defensa del dogma de la Virginidad de María a la dejación en la misión me resulta de una bajeza repulsiva, aún más viniendo de quien viene. Lo de “agredir” a la religiosa que con su libertad de expresión ha ofendido a millones de católicos, por utilizar libre y educadamente esa misma libertad de expresión, es de risa. O de llanto; porque la pretensión de enarbolar la bandera de la libertad de expresión cuando me interesa, y atacarla cuando no me es favorable, siempre viene del mismo espectro ideológico. Los totalitarismos ideológicos son así. Otra cosa es que la agresión sea real, o que existan amenazas, lo cual no es solamente deleznable, si no constitutivo de delito y jurídicamente perseguible.

No me gusta la demagogia, no me gusta la Iglesia ideologizada, no me gusta el populismo. ¡Cómo me va a gustar el populismo cuando el ejemplo más escandaloso que me viene a la cabeza es el de Poncio Pilato preguntando “a la gente” si soltaba a Barrabás o a Jesús…! Pues eso.

Otro misionero, en este caso Redentorista, que jamás sesga ideológicamente su misión, opinó también en Facebook recientemente: “Llamadme conservador o ingenuo, aunque yo simplemente le llamo ser creyente. Creo en la concepción virginal de María, creo en el poder de Dios, creo en la verdad de los evangelios y creo en la fe de la Iglesia.” Yo me quedo con ese tipo de misionero, aquel que enfangado en la misión simplemente se considera eso, CREYENTE. El resto estará revestido de una bondad infinita, pero es otra cosa, lleven o no hábito, sean laicos, consagrados o pertenezcan al Orden.

En fin, que la Iglesia es plural, pero el depósito de la fe es custodiado por la Iglesia; y yo creía, se ve que ingenuamente, que defendido en primer lugar por sus obispos. Y como la Iglesia es plural puestos a elegir dominicas yo me quedo con las Dominicas de Caleruega que, como ellas mismas dicen: “Condenamos y rechazamos las palabras y el pésimo ejemplo de sor Lucia Caram de las cuales, nosotras, monjas Dominicas de la casa de Domingo de Guzmán, somos las primeras perjudicadas.” Extraordinario el comunicado que han emitido a través de las redes sociales. No sé si a estas dominicas el arzobispo de Tánger también las considera parte de esa Iglesia prescindible a la que la humanidad ni la espera ni la necesita; él sabrá. A mí me da lo mismo, porque puestos a elegir obispos elijo la opinión de monseñor Munilla al respecto, quien, en uno de sus atinados tuits dijo: https://pbs.twimg.com/media/C3r8aVKWIAMZ22M.jpg:largehttps://pbs.twimg.com/media/C3r8aVKWIAMZ22M.jpg:largeLa experiencia enseña que cuando se silencia o se pone en duda la Virginidad de María, se termina negando la divinidad del Hijo de Dios."

Y todo lo anterior en lo que no es sino una opinión, como siempre, estrictamente personal.



Pues eso. Que hoy os dejo con el Credo de Nicea…:
Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, JESUCRISTO,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz.
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación, bajó del cielo;
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el ESPÍRITU SANTO,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo,
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.





1 comentario:

  1. No conocía los dichos del Obispo en cuestión. Una Iglesia prescindible? Lo que tengo es dolor por las almas que pueden verse afectadas por el error. Hay que rezar, para que el Señor le ponga remedio a esto.

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