martes, 3 de enero de 2017

Magos, sabios y en camino


Desde Oriente, magos, sabios, en camino siguiendo una estrella. El viaje es largo, los camellos van acusando el cansancio y la falta de agua. Sin embargo, la Estrella brilla con fuerza más que suficiente. La fe les mueve; les mueve la propia búsqueda de Jesús. Ese Jesús que se muestra, ya desde su nacimiento, también como un “lugar”… “con Él y en Él…”. “Con Él y en Él” nos dice el sacerdote en la doxología final de la plegaria eucarística mientras sostiene, elevada, la Forma.

Nos cuenta Mateo cómo la Estrella, la Luz, les precedía hasta que se detuvo sobre el lugar donde nació. Encontraron a María con el Niño. Nada dice de José; la discreción de José es tan exquisita como para no figurar ni siquiera en esa escena.

Y cuando entraron, “postrándose”, lo adoraron. Postrar, según la RAE: “Arrodillarse o ponerse a los pies de alguien, humillándose o en señal de respeto, veneración o ruego.”  … en señal de respeto, veneración o ruego. O las tres juntas. Llegaron a Él y postrándose lo adoraron. Si ellos, sabios, se postraron a adorarlo ¿quién soy yo para no hacerlo cuando, por las manos del sacerdote, se nos hace presente en cada Eucaristía? Oro, incienso, mirra…

Un camino largo, cansado. Me habría gustado escuchar algo de sus conversaciones –esa parte de cotilla curiosón- aunque siempre nos queda imaginárnoslas. O escuchar su silencio, meditar con su silencio mecido por el viento y el silbo de la arena. Una melodía de fe, Esperanza y Salvación. Es Lucas quien nos habla de salvación al narrar el anuncio del Ángel a los pastores: “…os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” El silencio de Dios que susurra al corazón de cada hombre. La Esperanza y la Fe mitigan el cansancio hasta anularlo.

La escena la tenemos clara. Pero ahora me pregunto cuál es nuestro viaje, mi viaje y el tuyo. Desde dónde partimos para acudir a adorar al Niño. Qué alforjas llevamos. Qué lastre vamos soltando como naderías existenciales… ¿Qué regalos le ofrecemos?

Ya casi podemos escuchar a los camellos, si la excitación creciente de los más pequeños de nuestras casas, nos deja. Los rostros infantiles van adquiriendo la tonalidad sonrosada de la emoción y sus ojos irradiando la luz de la ilusión. Pero… ¿les enseñamos de verdad qué es lo que movió a los Magos, a Quién buscaban…?

Son sólo preguntas. Seguro que todos tratamos de ir conjugando de la mejor manera ilusión, inocencia y fe transitando por el vértice invisible que forman la infancia y la edad adulta.

Nosotros ya hemos entregado la carta y los nervios van en aumento. Va quedando menos. Están cada día más cerca. Nervios en Familia. Vosotros ¿no estáis nerviosos? ¡Ojalá nunca perdamos esos nervios…!

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