miércoles, 6 de julio de 2016

Abandoné la Iglesia

“Abandoné la Iglesia cuando tenía 16 años por culpa de un catequista”. Hoy he escuchado esta frase. No la he escuchado simplemente, yo participaba en la conversación. Una charla de café tras la comida entre compañeros de oficina.

La autora de la frase es una chica brillante, culta y una trabajadora extraordinaria. Lo que es más importante es que es una buena persona. Tiene treinta y dos años, luego ha transcurrido media vida para ella desde entonces. Se lamentaba de haber abandonado la Iglesia. Hasta entonces iba a misa cada domingo, participaba en los grupos de su parroquia desde pequeña donde se lo pasaba fenomenal; amigos, gente divertida, camaradería, y muchísima acción social. Ella no fue la única. Me interesé sobre cuál había sido el problema con ese nuevo catequista y, la verdad, me quedé perplejo: les puso a rezar.

Hice un par de reflexiones y guardó silencio. Me sorprendió su afirmación porque yo estoy acostumbrado a todo lo contrario, tanto en PS como en cualquiera de las parroquias, iglesias o santuarios redentoristas. Tampoco conozco nada parecido en los movimientos, parroquias o congregaciones a los que pertenecen amigos, hijos de amigos o familiares. Me dejó perplejo.

Grupos estufa llenos de actividad y vacíos de contenido= vacío. Todo me recordó al Papa cada vez que nos recuerda la diferencia entre una ONG y la Iglesia. Por supuesto que “el que no está contra nosotros está con nosotros”, lo sabemos. Sin embargo, ni los niños ni los jóvenes son tontos por ser niños o jóvenes; todo lo contrario, son esponjas. No enseñar a los niños a orar desde bien pequeños es fomentar la oquedad espiritual, y la oquedad espiritual lleva al vacío existencial. No enseñar a orar a niños y jóvenes en una parroquia es… ni sé qué es ese tipo de parroquia. Enseñar a orar es enseñar al individuo a relacionarse desde lo más íntimo con su Creador; enseñar a orar a un niño es enseñarle a relacionarse con el Amigo más fiel que jamás tendrán. Ir formando a los niños en el conocimiento de la fe y la oración es darles las armas para que puedan encontrar su propio sentido. De ahí se derivarán, o crecerán en paralelo, la solidaridad, la acción social, la fraternidad. Fraternidad de todos, hermanos en el Redentor; todos hijos de un mismo Dios.

Enseñar a orar de manera individual y comunitaria, aprendiendo así el valor de la comunidad cuyos miembros se sostienen unos a otros, cuyos miembros se ponen en movimiento para ayudar a otros. Y todo ello divertido, y con alegría. Superando umbrales de frustración y aprendiendo lo que es el dolor, pero con alegría. Sobrellevando cruces siempre con el asombro de la Redención.

Ni se puede catequizar con el oscurantismo ni se puede catequizar con el buenrollismo vacío. Eso no es catequizar; en un caso es atemorizar y en el otro entretener.

Hoy me acostaré rezando por ella, por ese catequista y por los jóvenes de tantos puntos de España que pasan estos días en el monasterio de El Espino acompañados por Redentoristas ¡Qué suerte tienen!

Hoy mismo, a través de un tuit, me he topado con el artículo que os dejo aquí abajo. Está en inglés, pero viene al pelo para la entrada de hoy. De él me quedo con su último párrafo:

My hope is what’s getting cool is to take our faith in Christ seriously and not to retreat into our arguments or doctrine, but to, together, follow Christ into a faith and lifestyle that can change the world


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