lunes, 23 de noviembre de 2015

Cristo humillado

Trato de buscarlas pero no encuentro las palabras adecuadas para definir lo que sentí ayer al ver las imágenes de la profanación diabólica que tiene lugar en Pamplona. Un individuo, cuyo nombre me voy a abstener de mencionar, se dedicó a ir a 242 eucaristías, acercarse a recibir la Comunión y conservarla para, con las 242 formas consagradas, distribuirlas por el suelo formando la palabra “pederastia”. A eso pretender llamarlo arte. No lo ha hecho sólo. Lo hace él en primer lugar, quien paga y encarga la exposición, quienes sostienen a quien la encargó... quienes callan. Satanás actúa, no descansa, y en estos tiempos parece estar especialmente enrabietado. El mal en estado puro.

Deleznable. A parte de un delito tipificado en el código penal, un acto repulsivo y gratuito de ofensa a los católicos, una profanación continuada del Cuerpo de Cristo. Pena. Se ha dicho mucho en las redes sociales al respecto para regocijo del autor y, a riesgo de continuar alabando su ego enfermizo, no me resisto a plasmar mi repulsa más triste y enérgica.

Una pena tremenda la ofensa, una pena tremenda ver el Cuerpo de Cristo mancillado de semejante manera. Permanecer callado es como permanecer callado e impasible ante la Cruz. Lo haré a menudo en cada una de mis lamentables caídas cotidianas, pero me niego a negarlo tres veces con mi silencio. Habrá a quien no le guste lo que voy a decir, pero es como permanecer callado ante 242 abusados, ante 242 mujeres maltratadas, ante 242 niños obligados a ser soldados, ante 242 muertos de hambre, ante 242 niños abortados, ante 242 pobres sin salida, ante 242 tristes sin consuelo, ante 242 inmigrantes en busca de futuro, ante 242 necesitados de auxilios.

Dan arcadas. Y pena.

Una pena doble. Me he tomado la molestia de googlear el nombre del individuo en cuestión. He descubierto a un hombre enfermo, como él mismo dice. Ingresos psiquiátricos, intentos de suicidio, incapacidad para la empatía… “si alguno de mis amigos muriera a mí me daría igual”. Hijo no deseado de una prostituta heroinómana que continuó pinchándose durante el embarazo. Frialdad absoluta capaz de cualquier barbaridad. Confieso que he caído en la tentación de rezar por él; y de hacerlo con fe. Mea culpa. Pero a la oración y peticiones que en ella haya realizado se le une también la petición de justicia en la tierra. Él, quiéralo o no, habrá de juzgarle y la sentencia no me corresponde pues la Redención es un regalo que alcanza a todos, sólo hay que aceptarla. “Vete y no peques más”.

Pero antes está Dios que todos los santos. Una vez más humillado, una vez más prendido, una vez más azotado, una vez más coronado de espinas, una vez más crucificado. Mi reparación personal viene de la oración. Éste jueves, durante la Adoración en PS tendré presentes esas 242 formas tiradas por el suelo. Y tendré presente a quien realizó el acto diabólico y se jacta de ello. Allá cada cual con su silencio o su aquiescencia.

Una consideración más. A la hora de dar y tomar la Comunión, quien comulga, sea en la mano o en la boca, ha de hacerlo delante del ministro de la Comunión. Y esto no siempre es así.

Tantum ergo Sacraméntum,
Venerémur cérnui:
Et antíquum documentum
Novo cedat rítui;
Præstet fides suppleméntum
Sénsuum deféctui.
Genitori Genitóque,
Laus et iubilátio;
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque
Compar sit laudátio.

Amen.

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