martes, 3 de marzo de 2015

Fardos y honores

Scalando, caminando, en gerundio. Haciendo camino, siguiendo huellas, marcando huellas. Tendiendo manos. Sin más fardo que uno mismo, que ya es bastante. Decidido, entre las nubes de las dudas, sabiendo que sobre ellas el sol brilla; siempre.

Sin buscar nada más que el Camino mismo. Sólo Él. Sin apelativos; simplemente, hermano. Sin puesto fijo en ningún banco. Sin más manto que el cobijo de Dios ni más filacteria que el cordón de la fe.

Purificando en agua mansa los nubarrones que blanquearán en la espuma de las olas. Librando la batalla del servicio. Obrando bien. Entre hermanos. Tras el Camino que te haga ver la salvación de Dios. 



Reconoce tu cruz y camina. Coge tu cruz y continúa. Carga con tu cruz y sonríe. Esa cruz no es nada. No cargues más que con la Cruz. No pide nada. Te pide a ti: libre, humilde, abierto, limpio, sincero, transparente. Levantándote. ¿De quién más llevas la cruz? Ayuda.

Sin escuchar cantos de sirena; sin seguir a quienes buscan honores. Sólo su Voz y su Palabra. Obra bien. Confía, persevera y ora. Que tu camino haga ver a otros la salvación de Dios.

Él te espera, te llama y tiende su mano; en su palma va tu nombre. A un pie sigue otro pie; a un paso sigue otro paso. ¿Quién te mueve? ¿Sólo? ¡Si siempre caminas bajo su mirada! Lo sabes. Levanta el rostro y sonríe. Levanta el ánimo y sonríe. 

¡Cuéntalo! 

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