miércoles, 28 de mayo de 2014

La Vida a lo grande

Las palabras del P Pedro y de Daniel Primo fueron las que me hicieron fijarme en los ojos de aquellos chicos; sí, brillaban más que las velitas diseminadas por el suelo y sobre el altar. Si la fe les salía por los ojos debían de estar ardiendo por dentro.

Toda una suerte poder estar frente a ellos dirigiéndoles unas palabras, junto a Dani y a su hija Blanca. Una suerte vivir tan intensamente la Vida. Orar con y por un puñado de jóvenes que en breve recibirán el sacramento de la Confirmación. La Vida en directo impulsada por el mismo Espíritu. Unos jóvenes sanos, normales; unos jóvenes como hay millones en el mundo. Unos jóvenes extraordinarios que pueden y quieren decir “sí” a Cristo. Bajo la mirada del Padre, tras el camino del Hijo y alentados por el Espíritu. Eso es vivir la Vida a lo grande.

Arropados por sus Catequistas, por la Comunidad del Perpetuo Socorro. Cómo dijo el P Damián, qué contentos debían sentirse San Alfonso por esos jóvenes y Santa Rafaela María por quienes de ellos estudian o han estudiado en el colegio de las Esclavas de Martínez Campos.

Mientras transcurría la Oración en la Capilla de la Coronación, en la Iglesia se celebraba un funeral. El trece de junio serán las confirmaciones. Éste sábado tendrán lugar las Primeras Comuniones. Habrá también algún bautizo. Eso es la Vida. El ritmo normal de cualquier Parroquia, el ritmo normal de la Vida. La Vida a lo grande. Porque entre la vida y la Vida, es la fe la que eleva los dos palitos de la “V”, es la alegría de la fe lo que hace la Vida extraordinaria. Bajo la mirada del Padre, tras el camino del Hijo, infundidos del Espíritu. Pero no somos tontos. Somos “locos”, pero no tontos. Sabemos que ese camino es el de la Cruz; no hay Vida sin Cruz. Pero las cruces de la vida no ensombrecen la certeza de la Vida.

Esos jóvenes, los niños que comulgarán por primera vez, cada corazón que late en el vientre de una madre son la confianza de Dios en el hombre, son la esperanza del hombre en Dios.

Y en PS lo vivimos en Familia, nos arropamos en Familia, nos sostenemos en Familia. Ahí estaba yo, scalando en Familia, dando gracias a Dios por tanto joven bueno; ahí estaba yo, scalando en Familia, pidiendo al Señor por quienes o no le conocen o le niegan.


Hoy me acostaré de nuevo agradecido por vivir la Vida, sencillamente, a lo grande: con fe. Hoy, una noche más, la Esperanza velará mi sueño.

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