lunes, 23 de septiembre de 2013

De la dignidad

Creo que esto no va a ser popular, nada, nada popular, pero es lo que tienen las opiniones personales: cuando uno las escucha puede que coincidan con las propias o no. Y aquí lo que reflejo es totalmente personal.

No creo que la falta de trabajo nos despoje de la dignidad. Hay una dignidad que es inalienable de la persona por el hecho de ser eso, un ser humano. Por muy dura o trágica que sea la situación, no podemos perder la perspectiva de que la dignidad siempre es intrínseca al hombre. Uno sólo se enajena de su propia dignidad por una actitud continuada, libre, consciente y voluntaria. E incluso entonces, siempre es posible recobrarla; todos podemos ser Dimas.

Creo que la dignidad sigue incólume en un padre que se ve incapaz de alimentar a sus hijos, en el desahuciado, en los niños que mueren de hambre en cualquier lugar del mundo y en los padres que ver morir por ello a sus hijos. Como hay dignidad en prostitutas, chaperos, presos, políticos, eclesiásticos, empresarios, asalariados, autónomos, gente común y corriente. Como hay dignidad en el Cireneo y la hay en la Cruz. Humillado, condenado, escarnecido, en la Cruz resplandece la dignidad que todos tenemos como hijos de Dios, como seres tan humanos como el Nazareno. Que no lo olvidemos, nadie puede despojarnos de nuestra dignidad consustancial. Porque quizás esa certeza sea la única lucecita que pueda mantenernos.

Las frustraciones, la humillación, la angustia de las circunstancias de la vida pueden acarrearnos, y de hecho lo hacen, turbulencias psicológicas, pero abogo por recordar que seguimos siendo dignos.

He visto resplandecer esa dignidad en indigentes como la veo a diario en otras muchas personas. Quizás cuando empezamos a no ver la dignidad que cada ser humano, cada hermano, nosotros mismos tenemos es cuando ponemos en marcha el más cruel engranaje de la humillación al otro.

Quien acaba con la vida de otro semejante se despoja de su propia dignidad; el opresor se despoja de su propia dignidad; el avaro, aquel que pone el corazón en el dinero se despoja de su propia dignidad; quien machaca por cualquier razón a un hermano se despoja de su propia dignidad. E incluso ellos pueden recobrarla.

El sistema que impide al hombre ganarse la vida honestamente es indigno. Las estructuras políticas, jurídicas y/o económicas que no tienden al bonum comune, son en sí mismas indignas; contribuir al mantenimiento de ese statu quo es en sí mismo indigno.

Hay tanta dignidad en tender la mano como en asir la mano que te tienden; hay tanta dignidad en ofrecerse como en pedir ayuda. Nadie puede robarnos la dignidad. Porque la Verdad nos hace libres, porque ya no somos siervos, porque somos hijos de Dios, no nos pueden arrebatar la dignidad.

1 comentario:

  1. Querido Amigo, Paz y Bien,

    Creo y apoyo lo que dices con respecto a la dignidad, pero anhelaria ardientemente que todos tuvieramos esa conviccion fundamentada en nuestra mente y corazon muy fuertemente, si, cada ser humano, aun aquel que se droga hasta perderse, es un ser Humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, y aun en esas circunstancias ese ser Humano tiene su dignidad, pero...... hay muchos seres humanos que estan llenos de soberbia, se sientes poderosos, o sabios, y no alcanzan a ver la dignidad en este tipo de personas, simplemente si una ama de casa, decide dedicarse 100% a su familia, a la que le dara toda su atencion, amor, dedicacion, miles de mujeres la verian como una persona inutil, ven el trabajo de la Madre como algo no digno, cuando a mi modo de ver es lo mas hermoso y mas digno.
    La diginidad es dificil de llevar, aun cuando tenemos nuestra fe y nuestra vida depositada en Dios, pues la mayoria del ser humano desafortunadamente no valora la dignidad de su projimo. Si tan solo cumplieramos el mandato de Dios, de amarnos verdaderamente unos a otros, no tendriamos que justificar nuestra dignidad, pues el amor lo suple todo. Bendiciones querido Hermano en Cristo

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