martes, 6 de agosto de 2013

Casa San Alfonso

He tenido la suerte de formar parte durante unos días de la Comunidad Redentorista de Casa San Alfonso, en Astorga, formada para la Acogida Cristiana a los peregrinos del Camino de Santiago por sacerdotes, religiosos y laicos, de diferentes nacionalidades.

Salí de Madrid con una ilusión enorme pero con una duda aún mayor ¿Qué podía aportar yo de utilidad a ese proyecto? Es decir, ¿qué podía aportar yo de utilidad a los peregrinos?

Llegué en medio de la Oración que se desarrolla en varios idiomas. Dejé mi coche en la puerta de la casa y entré en la iglesia del Perpetuo Socorro (eso ya es como entrar en casa). Me senté al fondo y, la verdad, ni escuché. Simplemente me puse a los pies del Señor: aquí me tienes, mi tiempo, mis manos y lo que de mi haya utilizable y de provecho para esto. No podía hacer más; no tenía más. Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Alfonso presiden el templo, así que, un poco como el santo, me propuse que las 24h de cada día estuvieran dedicadas a los peregrinos. Para eso estaba allí.

Uno se pone en marcha y, sin embargo, el primer acogido fui yo. Por la Comunidad y, en concreto, por un joven estudiante Redentorista que con rapidez me fue explicando lo necesario para comenzar a "trabajar" al día siguiente, a servir. Y como ese “día siguiente” era la fiesta de San Alfonso Mª de Ligorio, la Comunidad Redentorista local nos invitó a compartir comida. Ahí estaba yo, en Familia y como en casa. Hablando de algunos de los Padres que fueron parte del paisaje natural de mi infancia, Elejalde, Ribela, Colinas… y escuchando a ancianos cuya vida ha estado entregada al anuncio constante de la Buena Noticia, de la Sobreabundante Redención, por distintos puntos del planeta. Miraba, escuchaba, observaba y, a la vez que participaba de la conversación, me sentía todo un privilegiado. A la tarde visita al convento de clausura de las Madres Redentoristas, en fin… otro regalo.

No voy a hablar, aunque quizás fuera lo suyo, del día a día con los peregrinos, porque aunque anónimos, es algo que pertenece a su historia personal e individual. Solamente un par de apuntes: la intensidad de lo compartido con un Franciscano cuya casa está muy cerca de Marianela, la Casa Natal de San Alfonso, y las palabras de agradecimiento de una peregrina joven anoche quien, al acabar la Oración, se mostró agradecida por el auxilio recibido para recuperar el sentido del Camino y de la Vida. Necesitada de auxilio, justo para lo que San Alfonso fundó la Congregación del Santísimo Redentor… me vino el Génesis a la cabeza: “…y vio Dios que era bueno”.

En cada una de las noches, en mi oración estaban mi mujer y mis hijas, la persona por la que mi familia y yo un día comenzamos a scalar en Familia y que peregrinará a otro destino, un amigo enfermo que se pensaba ausente y, ayer, el padre de otro que llegó a su destino final poco antes de comenzar la oración.

Llevar la Oración en español, inglés y francés, convivir en Comunidad, aprender de los peregrinos, la intensidad de mi oración personal. No puedo dejar de darle gracias a Dios por estos días. Distintos colores, razas, orígenes personales, idiomas, edades, inquietudes… y una misma fe que cada noche nos reunía en familia.

Los peregrinos cuentan ya en Astorga con un “nuevo” lugar donde encontrar auxilio espiritual, donde descansar el corazón de los pasos del Camino, donde recobrar el sentido real y redescubrir que Cristo, el Resucitado, va a nuestro lado a cada paso y en Él está la Redención: Casa San Alfonso.

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