lunes, 22 de agosto de 2016

Primera Comunión


Cuando la sonrisa se te escapa del cuerpo y los ojos iluminan cuanto miran, todo va bien. Así se muestra habitualmente mi hija Paula, y así brilló de manera especial el 13 de agosto. Era la festividad de la Virgen del Campo, patrona de Cabezón de la Sal, el pueblo de sus mayores. Y era el día de su Primera Comunión. Feliz. Estaba feliz y plenamente consciente de lo que habría de hacer, de lo que iba a ocurrir.

Cuando celebras las cosas rodeado de la gente que te quiere, en familia, la alegría se expande porque es compartida. Cuando el sacerdote también te quiere pues, en fin, pasa lo que pasa, que la ceremonia descubre el Misterio en una reunión familiar, y eso es lo que consiguió Jorge charlando con Paula. Le conoció cuando apenas tenía dos años y este verano cruzó una vez más la Península. Una ceremonia sencilla, profunda, normal y divertida. Cargada de Amor. Y también de símbolos...

Los símbolos me parecen importantes. Siempre lo son. Tuvo la suerte de poder comulgar por primera vez en una capilla ligada a su familia desde tiempo inmemorial, de hacerlo llevando el mismo traje con el que comulgó en el mismo lugar su abuela materna que la acompañaba desde el cielo. Frente a ella, sobre el Altar, coloqué la Cruz Redentorista y un Icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Los recordatorios eran de la Perpe y un dibujo de Antonio Puerto con el corazón ya marca de la casa de Damián. Insisto en que los símbolos son importantes, entre otros motivos, porque contribuyen a hacer presentes a los ausentes. Todo pensado; de la espontaneidad arrolladora se encargaron Jorge y Paula. Y de la música Manuela, Dori y Almudena; Ps en Cabezón… Impagables. Una guitarra y sus voces hechas oración. Sin más y sin necesitar más; como cada domingo en Ps.

Son importantes, pero son eso, símbolos. Lo central, lo fundamental, es el milagro que con las manos del sacerdote ocurre en cada Eucaristía: Cristo se nos da de nuevo, y para mi hija pequeña fue la primera vez. Una de las pocas veces que comulgará con pan, porque no tolera ni la mínima cantidad de gluten que contienen las formas mal llamadas “sin gluten”. Lo hará –lo hace- habitualmente con vino, en el “mini cáliz” que le regaló mi madre. Siempre en gerundio, sorteando obstáculos...

Todo sencillo, natural y lo más normal del mundo. Viendo ahora las fotos, viendo su cara… sólo puedo pedir que nunca pierda esa sonrisa, esa ilusión, esa espontaneidad que la acompañan a cada paso. Dios nos encargó a su madre y a mí que fuéramos los custodios de Paula. Y ahí vamos, haciéndolo lo mejor que podemos. Padres en gerundio de dos hijas estupendas y otros dos que nos cuidan desde Arriba.

Hoy, un sacerdote del Arzobispado Castrense, el P José María @paterjm, me ha etiquetado en Twitter en una foto preciosa acompañada de la siguiente frase: “El largo camino de la enseñanza se abrevia mediante el ejemplo”. Cierto, pero me ha hecho recapacitar en mis debilidades como padre. Me quiero consolar pensando que cada vez que ves caer a alguien, si a continuación lo ves levantarse al menos puedes obtener el ejemplo de la perseverancia.

El 13 de agosto fue un día feliz, compartido. Un día por el que dar incesantemente gracias a Dios. Unos padres agradecidos, en gerundio y acompañados: scalando en Familia.

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