martes, 16 de diciembre de 2014

Las Posadas

Hoy comienzan las Posadas, una celebración habitual en muchos países hispanoamericanos que conmemora el peregrinaje de José y María en busca de cobijo, a la vista de que el parto se acerca. Me parece una celebración preciosa para prepararnos no solamente a recibir al Niño, sino para acompañar a María y a José. Una oportunidad para ser nosotros mismos Posada y para ayudarles a que otros lo sean también.

Llaman a la puerta interior de cada uno de nosotros para que seamos refugio seguro y cálido del Redentor. El tiempo avanza y ya va siendo hora de que preparemos un corazón limpio en el que se sienta seguro y a gusto.

Que le ofrezcamos un lugar confortable implica que en nuestro entorno también creemos el clima necesario de Amor. En la Familia, en el trabajo, en nuestra Comunidad. Un corazón preparado para servirle. En mi parroquia, el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, ya tenemos, como en tantas otras, la Posada preparada. Hemos recorrido el tiempo que llevamos de Adviento en acción y oración, y así seguimos: con una alegría que desborda las manos. Porque, en realidad, no hay alegría sincera si ésta no te empuja a darte, a ayudar, a anunciar su venida a los demás. Regalar tu tiempo, tus manos y tu sonrisa. Sólo sirviendo con los pies en la tierra, sólo caminando en los problemas reales, anunciaremos la Paz.

¿Cuántas malas caras? ¿Cuánto mirar para otro lado ante las necesidades ajenas? ¿Cuánta preparación de festejos sin reparar en quien no tiene ni lecho? ¿Cuánto sonreir sin mirar a los ojos al triste? ¿Cuánto planificar sin tener en cuenta las carencias de los demás? ¿Cuánta autocomplacencia sin pararnos a pensar en todos los hermanos perseguidos, asesinados, por ser cristianos? ¿Cuánto señalar y endurecer la mirada sin vaciarnos del todo para que el Redentor lo ocupe todo?

¿Nos dejamos llevar por el consumismo? ¿Nos dejamos arrastrar por los hábitos? ¿Repetimos gestos año tras año llevados por la inercia de la historia y la costumbre?

¿Creemos realmente que el Redentor nació y viene de nuevo a nuestra vida y nuestra historia?

Cada vez que juzgamos les cerramos la puerta de la Posada; cada vez que torcemos la vista a las necesidades de los hermanos les negamos cobijo; cada vez que bajamos la mirada ante el triste, el enfermo, el humillado, el necesitado o el angustiado les damos un sonoro portazo. Y no se les puede acompañar sin oración.

Os animo a que tratéis de hacer el ejercicio diario de caminar a su lado, meditar sobre su situación, su realidad y sus necesidades. Ensuciándonos los pies con el polvo del mundo; sintiendo el dolor que precede a la Alegría. Veréis cómo a cada paso junto a ellos, tras cada puerta cerrada, sintiendo los miedos de la Madre y las angustias de José os iréis vaciando un poquito, y acabaréis con una cuna confortable en vuestro interior.

Porque ellos llaman a nuestra puerta sin salir de casa, en nuestra mujer o nuestros hijos; tantos parados o desahuciados buscando Posada; cristianos iraquíes que son unos peregrinos permanentes en busca de Posada; niños no nacidos cuya vida está en cuestión; madres o padres angustiados a quienes la situación les hace dudar sobre el futuro del hijo que esperan; niños explotados, abusados, en cualquier parte del mundo…

Y mañana de nuevo, al salir a la calle, en el metro, al llegar a la oficina… ese compañero de trabajo con quien no congeniamos; la parte del trabajo que más pereza nos dé; al hacer la compra… cualquier circunstancia nos ayudará a ir abriéndoles la puerta.

Una oportunidad más para los rezagados de espabilar, ponerse a tono, reconciliarse consigo mismo para hacerlo con los demás. Merece la pena. Él pone todo de su parte; poner un poco de la nuestra es el primer paso para hacerlo por entero. Ser pequeñas luciérnagas que iluminen su camino. Seamos diminutos puntos de luz que señalen: aquí nacerá el Niño, aquí se asentará la Luz. ¿Lo hacemos juntos? ¿Vamos con ellos scalando en Familia?


Probadlo los rezagados, los indecisos; los tristes abandonad vuestra tristeza para ocupaos de la de otro. Intentadlo los incrédulos, los hastiados. Si queréis lo vamos hablando… Quizás acabemos juntos en la Misa del Gallo.

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