sábado, 22 de noviembre de 2014

Defender la Vida

A ver, que yo he estado allí, desde la glorieta de Ruiz Jiménez (San Bernardo de toda la vida) y, la verdad, eso de millón y medio… pues va a ser que no. Estábamos los que estábamos, aunque sean muchos más los que defiendan la vida, que eso se hace con la actitud diaria y en gerundio.

Lo de manipular las cifras es algo que no entiendo; manipular es algo que no entiendo. Allá cada cual.

Fuimos los cuatro, en familia. Y los participantes éramos personas de lo más variopinto tanto en su condición como en su estética. Esto es lo que más me ha gustado, éramos tan variopintos que quedaba claro que la manifestación por la Vida no ha sido nada ideológico ni confesional. Habría mucho católico, pude reconocer a un montón de religiosos y laicos. Pero estábamos a título personal y particular.

Defender la Vida no debe ser una cuestión ideológica, ni si quiera confesional. Por eso estaba yo allí, como un gesto patente de que defiendo la Vida desde la concepción. ¿Qué es defender la Vida hoy en día? Creo que algo periférico; esa es la realidad. Son las ideologías egocentristas que endiosan la voluntad egoísta y caprichosa del hombre las que hacen calar en el inconsciente social la tibieza ante la defensa del no nacido. Incluso he escuchado a algún cura lo carca y repetitivo que resulta defender al no nacido (algo que, sinceramente, me escandaliza y duele).

La defensa del no nacido, considerada como algo residual, es colocarnos a quienes la defendemos en la periferia de las periferias, andando sobre el filo de la navaja de lo socialmente defendible. Porque si son indefensos quienes viven en las periferias de las realidades humanas mucho más lo son los débiles, hijos de aquellos indefensos, que ni siquiera han llegado a nacer. A éstos, en esas situaciones límite ¿quién los defiende? ¿qué oportunidades tienen?

Pero no se puede ser hipócrita, o nos vomitará. Defender la Vida no simplemente es estar en contra del aborto o a favor de la defensa del nasciturus. Defender la Vida es defender a las gestantes (que son ya madres), apoyar a las mujeres que abortan. Defender la Vida es apoyar a los padres que quieren tener a sus hijos pero a quienes las madres no les piden opinión porque carecen de voz. Defender la Vida es defender a quienes se la juegan saltando una valla en busca de un futuro mejor. Defender la Vida es acompañar a los parados, a los sin techo, a los desahuciados. Defender la Vida es estar al lado del pobre, del que carece de esperanza. Defender la Vida es jugarse la propia por atender a enfermos, ancianos, huérfanos. Defender la Vida es defender los derechos de quienes carecen de ellos. Defender la Vida es acompañar a los moribundos ayudándoles a una muerte verdaderamente digna. Defender la Vida es alegrársela al triste. Defender la Vida es ocuparse de los encarcelados, de los parias, de los drogadictos, de las prostitutas. Defender la Vida es acompañar a quienes están marginados o señalados por la sociedad por su condición o circunstancias. Defender la Vida es luchar por los maltratados. Defender la Vida es dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, enseñar al que no sabe, dar posada al peregrino… pero para tener hambre, sed, ignorar o necesitar posada hay que llegar a nacer. Defender la Vida no es cuestión de bienpensantes de buen tono, limpios y perfumados; defender la Vida supone abandonar el balcón de nuestra propia existencia y lanzarse al fango. Eso es para mí, objetivamente, defender la Vida.

Pero ésta no es solamente la que vivimos aquí, que estamos de paso. Por eso, para mí, defender la Vida, lo es también y por encima de todo, mostrar a Cristo a quienes no le conocen. Llevar la Esperanza a quienes no la tienen porque simplemente nunca oyeron hablar de Él. Pero para tener necesidad de esa Esperanza y de su Palabra, hay que llegar a nacer.


Por eso yo hoy, junto a mi mujer y a mis hijas, estuve en la marcha por la Vida. Scalando en Familia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario