lunes, 4 de agosto de 2014

Cristo en la calle

Estoy viendo las noticias por televisión y me han llamado la atención dos. Una de ellas bien triste, muestra a unos jóvenes en Estados Unidos que, o tan vacíos o tan llenos de cosas superfluas, se han puesto a buscar nuevas sensaciones rociándose de alcohol y quemándose a lo bonzo; ya ha muerto un chico de 15 años. La otra son las declaraciones del costarricense Keylor Navas, nuevo fichaje del real Madrid, dando gracias a Dios durante varias veces en la breve entrevista, contando cómo pone su vida en manos de Dios.

Un deportista que muestra el espíritu de superación con Dios como centro y unos jóvenes, producto de una sociedad absolutamente decadente, que buscan... Navas es un ejemplo, y para jóvenes como éstos todos debemos de ser ejemplo. Con nuestra vida, con nuestra alegría y nuestra actitud en todo momento, también en las redes, hemos de ser ejemplo de esperanza. A veces también con la palabra, pero sobre todo con el ejemplo. Ejemplo de vidas que alienten y sean signo de esperanza incluso en la adversidad. No con dedos rígidos que señalen actitudes incorrectas, no con cejas levantadas ni ceños fruncidos, no con espanto ante el escándalo sino con caridad y misericordia ante el vacío y la desesperanza. Recuerdo cómo en el Santuario del Perpetuo Socorro, durante la eucaristía de envío para los voluntarios de la JMJ Madrid 2011, el sacerdote que presidía nos dijo tras la Comunión, “sois custodias de Cristo; que se os note, reflejadlo.” Ese fue uno de los momentos que se me quedaron grabados, y es una frase que recuerdo cada vez que comulgo. Nosotros con nuestra actitud, con nuestro ejemplo, con nuestras debilidades tenemos la posibilidad y la obligación de “sacar” a Cristo a la calle, en nuestros respectivos ambientes. Haciéndolo se empiezan a multiplicar panes y peces, a secar lágrimas que no conocemos y a arrancar sonrisas que no veremos; haciéndolo se pueden cambiar cosas aunque no veamos los frutos directos.


Scalando en Familia –con alegría, como diría mi amiga Pepa Garat- se pueden cambiar pequeñas cosas. Yo esta noche pediré por tantos jóvenes vacíos de todo, por tantos jóvenes saturados de lo innecesario.

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