Scala News

lunes, 12 de marzo de 2012

Del P Carlos Sánchez y la crónica de una misión


Acabo de leer en http://redentoristas.org/vocacionredentorista/wordpress/?p=293 la crónica que escribe el P Carlos Sánchez de la Cruz CSsR sobre una misión parroquial desarrollada en Mérida. En fin, lo primero que tengo que decir es que me produce una envida muy, muy difícil de describir. Casi tan grande como la satisfacción de comprobar una Iglesia viva, inquieta y misionera, expresada de manera eficaz y eficiente en los incansables esfuerzos de la Congregación del Santísimo Redentor. Unos misioneros que, como nos relata el P Sánchez, se esfuerzan por llevar la Buena Noticia de Jesucristo de tú a tú; esa cercanía a la gente es una imagen de marca de la casa que hace que quien interactúa con ellos se sienta impelido suavemente a dejarse arrastrar por la bondad que desprenden. Puede que no de una manera inmediata, pero sí con un runrún in crescendo día a día. Un comezón que, cuando se hace verdaderamente presente, le lleva a uno a la sorprendente realidad de que lo que le va inquietando no es ni más ni menos que la Voz de Dios bajo el timbre de personas de carne y hueso.

Sin miedos, con la confianza y la seguridad de Quien está de su lado, sembrando a diestro y siniestro, con una sonrisa en el rostro y una mano siempre tendida. Buscando llegar, esforzándose por llegar adonde no llega nadie. Y llegan. Ya lo creo que llegan. Con imaginación y tesón se van colando en los corazones que laten por los rincones donde otros no van. Para que TODOS conozcan a Dios, para que nadie sea ajeno a la Redención Copiosa.

Estas misiones cuerpo a cuerpo me producen, como ya he dicho, una envidia indescriptible. Misioneros a pie de calle. Y felices. Toparse con uno de ellos es ver la imagen radiante de la felicidad, sólida, sincera y perdurable. Obviamente son personas de carne y hueso que, además de cargar con los malos momentos que puedan pasar, van metiendo en las mochilas de sus vidas los nuestros y consiguen permanecer erguidos. Qué injusto me parece demasiado a menudo lo preocupados que andamos de nosotros mismos y lo poco que nos preocupamos por ellos. Que estén ahí nos parece de lo más natural pero ¿Cuántas veces nos acercamos simplemente por la cercanía? ¿Cuántas veces les alentamos? ¿Cuántas veces les preguntamos qué necesitan, uno a uno, como persona con nombre y apellidos? ¿Cuántas veces nos interesamos de verdad por sus vidas? Es muy fácil acercarse a pedir consejo, ayuda, compañía; fácil y seguro porque siempre la encuentras. Pero ¿Qué les ofreces tú, o yo?

Es más, lo que nos describe Carlos en el blog vocacional Redentorista, esa misión, no es tarea exclusiva suya. Aquí estamos nosotros, nuestro esfuerzo, nuestro tiempo, nuestras manos y nuestra fe. A su servicio para la misma Misión. Porque si no fuera así ¿de qué estaríamos hablando, o a qué juego absurdo estaríamos jugando? Eso sí, ni a media voz, ni con la boca pequeña; dispuestos a decir “voy” cuando te digan “ven”. Sabes que será Otro quien te lo diga.

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